Para nada necesitas ser más seria ni en esta ocasión ni en las
próximas ocasiones, bichi (M). Un poco de humor (benevolente si ello es posible) siempre aligera los farragosos temas en los que solemos caer con frecuencia. Pero el caso de ese gato aparentemente masoquista lo traje a colación también con una segunda intención. Puesto que aquí con tanta frecuencia hablamos de las mil y una causas neuronales, sociales, educativas o traumáticas que nos llevan a practicar y amar el BDSM... ¿Y si pudiéramos comprobar que forma parte de los comportamientos animales, como otras tantas tendencias y actuaciones sexuales, razón por la cual no necesitaríamos darle tantas y tantas vueltas al manubrio de pensar? Bueno, la pregunta, como la Espada de Damocles, queda en el aire...