Alice y el contraluz
Los cuerpos hacen sombras, pero no como los árboles y las montañas. Sujetamos su pelo y le obligamos a doblar la columna vertebral. Su piel, entera, a nuestro alcance.
No es sombra, es un túnel para nuestra imaginación y nuestro deseo. Y al contraluz, Alice es lo que no se refleja en los espejos. Nuestro más querido y sangriento fantasma.
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