Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean. Fecha de Ingreso: Dec 2006
Mensajes: 576
| POLICIA...
¡Me han robado a mi padre!
Gedeón Estiarte - Julio 2000
Era un hombre normal, más bien bajo, con bigote: concienzudo y voluntarioso, siempre ha sido cariñoso para conmigo y con mi hermana. No ha sido perfecto (yo tampoco, y no conozco a ninguno que lo haya sido). Pero era bueno. Siempre me quiso, aunque tantas veces yo me tapé los ojos y los oídos para no ver su amor, ni escuchar la expresión de su fé en mí, de su cariño. No era rico: pero a mí nunca me faltó nada de lo que él pudo ofrecerme. Trabajó tanto como pudo, mientras pudo.
Pero me lo han robado, ya no lo tengo. Día tras día fueron alejándolo de mí. Me hablaron muy mal de él, me lo pintaron lleno de malas intenciones, de maldad, de egoísmo... y era mentira. Me lavaron el cerebro haciéndolo pasar por un monstruo, a mi pobre padre. Me enseñaron a odiarle, impregnándome de un rencor que nunca comprendí, por injustificado. Me enseñaron a rechazarlo con mis manos y mi mente, a desacreditarlo ante propios y extraños, a mentir sobre él y hasta a creerme mis mentiras. Fui cómplice del criminal que me lo robó... pero ¿Qué podía hacer?
Aguantó año tras año, ¡durante tantos años...! Mis desplantes, mis rabietas, mis desdenes, mi falta de respeto, mi inmadurez.
Ahora le perdono hasta la última riña que me propinó, incluso aquél día en que me pegó una bofetada... la primera y la única que me dio, pero una de las muchísimas que me merecí en toda mi vida.
Veló por mí: desde cerca o desde lejos, desde donde le dejaban. Sin abandonarme: y yo, que en el fondo lo sabía, no supe quererle más, sino que le desdeñé aún más porque creí que lo hacía por debilidad, porque me necesitaba más que yo a él.
Me puse al lado de sus enemigos. Así me convertí en cómplice de los que me lo robaron. ¡Ahora me desprecio tanto como antes creí despreciarle a él!
Mi hermana también fue cómplice. Por lo mismo que fui yo: por miedo a que me abandonara ella, mi madre, por miedo a su chantaje, a su terrorismo, que mi hermana y yo hemos sufrido toda nuestra vida.
Querer a mi padre estaba prohibido: ¡lo prohibía mi madre! Tomaba represalias si hablábamos bien de él o lo defendíamos, y nos premiaba cuando le insultábamos y menosprecíabamos: así fue fácil aprender su lección.
Mi madre se separó por cabezonería: era como un globo llena a rebosar de soberbia y arrogancia que, ante todo y sobre todos, quería mandar, ser la que llevara los pantalones. Mi padre no lo aguantaba, pero lo sufría por nosotros: sabía que nos perdería tan pronto como empezara la separación. Mi madre debió olerle el miedo, porque puso la demanda tan pronto como le había sacado todos los papeles y dinero que pudo, y cuando ya le tenía hundido, le clavó el último clavo con su otro cómplice: aquella juez.
No sé por qué la juez la tomó con mi padre: no lo vió más de cinco minutos, pero decidió que le quitaría el 75 % de su sueldo, a pesar de que mi madre trabajaba cuidando a hijos de familias acomodadas... eso sí, no tenía nómina: cobraba en dinero negro, y no había forma de demostrar sus ingresos, según decía mi padre. De todas formas, el 75 %, más que un acto de justicia, era un acto de venganza.
Y no es que mi madre fuera valiente: ni mucho menos. En realidad era una cobarde, aprovechada, mezquina, que se escondía detrás de nosotros, mi hermana y yo, y nos utilizaba y manipulaba a su lunático criterio: unas veces como armas contra mi padre, otras como tarjeta de crédito para despojarle de sus últimos despojos, otras para humillarle y otras para castigarle u obligarle a hacer lo que no quería.
Tal vez desprecié a mi padre porque nunca se rebeló contra eso, porque no tuvo el valor de matar a mi madre a palos: pero qué equivocado debí estar si le desprecié por eso. Mi padre nunca fue violento con mi madre, en tanto ella sí que lo fue con él: pero si lo hubiera sido, ahora sí que tendría motivos para odiarlo, aunque no lo hiciese, para despreciarlo, aunque ahora sienta que lo adoro, para rechazarlo, aunque ahora lo añore dolorosamente.
Mi madre está ahí, viendo la tele, tomando un copa y fumando un cigarrillo. Lleva colgada de ese estúpido concurso una hora, pero en realidad se ha pasado así toda la vida. No puedo de dejar de quererla, aunque sea un poco, porque es mi madre: pero ojalá que ella nos hubiera querido a mi hermana, a mí y a mi padre, la mitad de lo que nosotros aún la queremos, que ya es mucho menos de lo que fue en tiempos. Sólo se quiere a sí misma, aunque se engañe y engañe a los demás pensando que es a nosotros a quien quiere, y que es por nosotros por quien injuria, veja y hunde a mi padre toda su vida. Con la complicidad de la juez que se lo admite todo, sin rechistar.
Pero ahora la veo tal como es: egoísta, hipócrita, un poco psicótica, con su monomanía de rencor y odio hacia mi padre; frustrada como persona, como madre, como esposa... un despojo del siglo XXI sobre cuyo umbral no es más que un triste felpudo.
¿A dónde te arrojamos, padre? ¿Dónde estás? ¿Por qué nos has seguido queriendo después de todo este tiempo en que te hemos desposeído y maltratado? ¿Aún querrás perdonarnos?
***
Hola, hijo. Te he oído por un micrófono oculto que llevo en el subconsciente, y que siempre tengo abierto por si acaso tú o tu hermana me necesitáis.
¿Qué podría perdonaros yo? Ninguno de vosotros apretásteis el gatillo, pero además, teníais que vivir con vuestra secuestradora, como sus rehenes. ¿Qué podíais hacer? ¿Qué valiente es capaz de atacar a quien le apunta con una pistola? Aunque sea la pistola del abandono, de los malos tratos psíquicos que a menudo habéis sufrido por su parte... ¿Quién puede razonar ante un psicópata con el fusil cargado?
Si miráis atrás, veréis siglos de idiotez humana. Cada época tiene su calvario y su maldición, su estupidez y su ceguera. Vosotros sois víctima del calvario y maldición, la estupidez y la ceguera de la nuestra: por defender a cien inocentes, nos han condenado a un millón de culpables. Recordad como a los alemanes no les preocupaba demasiado las víctimas del holocausto nazi: hasta que no hubo seis millones de judíos exterminados y millones de cadáveres en una guerra absurda, pocos levantaron la mano para denunciar la injusticia, la barbaridad. Eso pasa ahora con los divorcios. Mirad a vuestro alrededor. Nadie se ha preocupado de vosotros: ni las instituciones ni los poderes públicos, ni la prensa ni los medios de comunicación, salvo en la medida en que hayáis sido carne de cañón para la noticia o para los intereses de los políticos. Y los funcionarios siempre han estado más preocupados por sus vacaciones y su casa en la sierra que por vuestra angustia, vuestras frustraciones, vuestros fracasos... que ellos mismos os han creado.
¿Hasta cuándo? No sé hasta cuándo: yo estoy aquí. Podía estar mejor, y esperaba más de mí y de mi vida y mi familia. Pero no ha sido así: y no puedo estar lamiendo mis heridas ni las vuestras hasta el día de mi muerte. Tenemos que vivir. No les demos el gusto de ofrecerles nuestra vida en bandeja: no os rindáis. Vivid y ser todo lo felices que podáis. Yo estoy a vuestro lado, aunque esté alejado por las leyes y por la vesania de los jueces o su ineficiencia. Y por los políticos, y por todos aquellos que tienen ante sus ojos estas injusticias a diario y no saben o no quieren verlas... también, algún día, habrá un juicio de Nuremberg para ellos: y aunque su vergüenza no pague ni una décima del dolor y la injusticia que nos han infligido, al menos, espero, nos dejarán de una maldita vez vivir sin acoso, sin su odio, sin sus mentiras y miserias... en paz.
Os quiero hijos. No os olvido ni un instante, ningún día de mi vida. Lleváis dentro lo que siempre quise que fuérais: no es culpa vuestra que no os lo hayan dejado ser, que os hayan arrebatado oportunidades, estabilidad, seguridad... y hasta educación y cultura. Vuestra única responsabilidad es tratar de recuperar todas estas cosas de las que os han privado.
Y no olvidéis que yo no me voy: sigo aquí. Siempre, si me necesitáis: ¡Necesitadme, hijos míos!.
Gedeón Estiarte. |