Cuando estuve en Bali me encontré con la sorpresa de que las gentes te sonríen al pasar
sus vidas son pausadas
todo huele a raíces, a especias . .
Sin embargo ellos se mueren por venir aquí
por vivir como nosotros.
Son pobres pero su tierra es rica, hay que quemar contínuamente para dejar crecer vegetación nueva. Los chaparrones te paralizan allá donde te pillan, pero duran poco, aunque son habituales.
Conviven cuatro religiones y a todas horas en cualquier lugar hacen ofrendas, las aceras están llenas de cestas con flores.
Nuestro mundo, con toda su riqueza, es tan gris en cambio. Nos ahumamos al pisar la calle.
Me pregunto què nos cambia. |