Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Oct 2005
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¿Por qué no es buena la lucha emprendida por las feministas radicales contra el Hombre como género? Pues porque han logrado infiltrarse subrepciamente en las filas del feminismo civizado e igualitario. Es decir, el que pretendía igualdad de oportunidades y de derechos legales entre hombres y mujeres. Justo lo contrario a lo que pretenden ahora las radicales, forzando ahora la balanza en sentido contrario. Vamos, pasándose siete calles. Al menos yo siempre he pensado que una labor necesaria dentro de los grupos es que sus mejores y más nobles integrantes denuncien la labor subterránea que hacen dentro de cada grupo las minorías generalmente interesadas no en labores de interés general para la sociedad, sino en sus propios intereses. Esto lo aplicaría a la derecha, a la izquierda, a las religiones y a prácticamente todos los colectivos humanos. Cada uno de esos grupos conoce perfectamente a esos de sus miembros que son bondadosos, idealistas y, por el contrario a los arribistas que usan el grupo para medrar ellos o para volcar sus particulares frustraciones. En el caso que nos ocupa, se lo aplico a las feministas, entre las cuales por supuesto las hay razonables, como Empar Pineda o Pilar Rahola. Y es lamentable que su voz quede ahogada por las rabiosas, resentidas y amargadas. El otro día leí una reflexión de una mujer que me parece ejemplificante. Decía así: "Están apareciendo los primeros varones traumatizados con la discriminación positiva. La sensación de impotencia frente a una mujer, produce violencia, es una cuestión ancestral. De manera que cuanto antes aclaremos que no buscamos suplantar a nadie, mejor. Se trata de una igualdad manteniendo las diferencias que la propia naturaleza se encarga de marcar. No estamos en un mundo donde debe ganar el más fuerte, es una cuestión de inteligencia; y para ello no se necesita el género".
¿Cuál sería la solución? Bueno, es compleja. En todo caso no con guerras contra los hombres. Dejo aquí un párrafo del libro de Eckart Tolle "Un Nuevo Mundo Ahora" (peqe, lo digo especialmente para ti, que al parecer te interesan estos temas) "En ciertos casos quizás sea necesario protegerse o proteger a al¬guien más contra el ataque de otro, pero es preciso tener cuidado de no asumir una especie de misión para "erradicar el mal", pues podría convertirse precisamente en aquello contra lo cual se desea luchar. La lucha contra la inconciencia puede llevar a la inconciencia misma. Jamás será posible vencer la inconciencia, el comportamiento egotista disfuncional, mediante el ataque. Aunque lográramos vencer a nuestro oponente, la inconciencia se habrá alojado en nosotros, o el oponente reaparecerá con otro disfraz. Todo aquello contra lo cual luchamos se fortalece y aquello contra lo cual nos resistimos persiste.
Por estos días oímos con frecuencia la expresión "guerra contra" esto o aquello, y cada vez que lo oigo, sé que se trata de una guerra condenada al fracaso. Hay una guerra contra las drogas, una guerra contra la delincuencia, una guerra contra el terroris¬mo, una guerra contra el cáncer, una guerra contra la pobreza, y así sucesivamente. Por ejemplo, a pesar de la guerra contra la delincuencia y las drogas, ha habido un aumento considerable de los delitos relacionados con las drogas y de la criminalidad en general en los últimos 25 años. La población carcelaria de los Estados Unidos ha pasado de menos de 300.000 en 1980 a la cifra aterradora de 2.1 millones en 2004.4 La guerra contra las enfermedades nos ha dejado, entre otras cosas, los antibióticos. En un principio tuvieron un éxito espectacular y, al parecer, habían llegado para ayudarnos a vencer en la guerra contra las enfermedades infecciosas. Ahora muchos expertos coinciden en que el uso generalizado e indiscriminado de los antibióticos ha creado una bomba de tiempo y que las cepas bacterianas resistentes, las "superbacterias", provocarán sin lugar a duda un resurgimiento de esas enfermedades, posiblemente epidémico. Según la Revista de la Asociación Médica Americana, el tratamiento médico es la tercera causa de muerte después de la enfermedad cardiovascular y el cáncer en los Estados Unidos. La homeopatía y la medicina china son dos ejemplos de posibles alternativas de tratamiento que no ven a las enfermedades como el enemigo y, por consiguiente, no crean nuevas enfermedades.
La guerra es una forma de pensar, y todos los actos derivados de esa mentalidad tienden, o bien a fortalecer al enemigo, la supuesta maldad o, en caso de ganar la guerra, a crear enemigos nuevos, males nuevos, generalmente iguales o peores al que fue derrotado. Hay una conexión profunda entre el estado de la conciencia y la realidad externa. Cuando caemos en las garras de una forma de pensar como la de la "guerra", nuestras percepciones se tornan extremadamente selectivas y distorsionadas. En otras palabras, vemos solamente lo que deseamos ver y lo interpretamos equivocadamente. Es fácil imaginar la clase de actos emanados de un sistema tan demente. Claro que en lugar de imaginar, basta con ver las noticias de la noche"
Salu2 |