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Sexo, 'frikismo', internet, música 'cool'... ¡Es la noche barcelonesa!
Por LEONARDO FACCIO (SOITU.ES)
Actualizado 13-06-2008 17:22 CET
BARCELONA.- Un fakir ostenta un récord insólito: levanta dos bombonas de butano –vacías- con el pene. Paco Polo, el 'Ultra ser', como lo conoce el público, comenzó su carrera en El Bagdad, la sala porno barcelonesa donde también debutó Nacho Vidal, el más internacional de los actores porno de España. Lo desconcertante es que el show de Paco ahora también cotiza en clubes de música electrónica, donde un fakir ibérico antes hubiese contrastado como una tarántula en la almohada de un bebé.
La fusión entre lo cool y la galaxia gore-freak, hace años que en Nueva York encaja en el término 'Butch-Chic' –carnicería elegante-, que sirve para definir la mezcla de lo delicado con la estética grasa de carnicería de barrio. Pero la fórmula hoy revive con una dosis de voltaje erótico circense –a veces porno-, y un creciente desprejuicio a exponer los resultados en internet: páginas web y comunidades como MySpace, You tube, Flickr, Facebook o Fotoblog, se llenan con imágenes de fiestas que en Barcelona empezaron a ocupar con fuerza la noche de los jueves.
La noche necesita algo más que un DJ.
"La gente quiere sorprenderse y para eso hace falta mucho más que un buen DJ", explica Tamara, que organiza el segundo jueves de cada mes una fiesta conceptual cuya anfitriona es Mónica, una mujer que supera los 100 kilos de peso y ejerce de prostituta en el barrio el Raval. La fiesta sucede en el felinesco Club Fellini y su nombre es Víctimas: cada edición rinde homenaje a estrellas caídas del star system por ser víctimas del sistema y de sí mismos.
Britney Spears y Michael Jackson recibieron su homenaje en el Club Fellini, donde mucho de lo que sucede es publicado en internet. Lo veo ahora mismo: hay gente disfrazada y también desnuda, sola y acompañada. Casi todos miran a cámara, son jóvenes y ninguno lleva gafas recetadas, igual que los famosos a los que les rinden tributo.
Aparecer en internet disfrutando una fiesta es una forma de ser famoso. En ese sentido las ilustraciones y retratos de la artista Silvia Prada son efectivas: elevan a la categoría de personaje público a cualquier desprevenido que pase por las fiestas 'Club Tropicana', que ella misma organiza el tercer jueves de cada mes en Apolo. Pero dibujar es un proceso lento y la estrella indiscutida del retrato nocturno es un fotógrafo: Gerard Estadella. Tiene 27 años y es DJ el primer jueves de cada mes en las fiestas Boom Box, del la sala Apolo. Pero de tanto disparar su cámara, Gerard devino en 'cool hunther' de revistas de moda y se reconoce como parte y artífice de una tendencia que la profesora de la Universidad de San Diego (California) Jean Twege, llamó Generación me: jóvenes nacidos en la década del ‘80 que llevan la exaltación del yo como una constante.
¿Poca vergüenza?
"La gente se fija más en sí misma que en el colectivo, por eso hay tanto frikismo: no existe la vergüenza y todos se visten o se desvisten para mi cámara, porque saben que los pongo en la web. Quieren fama, aunque sea entre sus amigos", dice Gerard, que una vez por semana renueva su página, gracias a la cual dice que tiene 6500 amigos en My Space, cosa que considera "una obscenidad".
De cerca, las fiestas mediáticas se parece mucho a viajar por un país exótico: "Cualquier viaje es la excusa de un relato. Lo que importa es verse allí para hacer propia una postal". La frase es del cronista de viajes argentino Martín Caparrós, y en este caso la metáfora funciona: el turismo nocturno promete tanto sexo, sorpresa, riesgo, exotismo y erotismo como un viaje al Amazonas. Pero, sobre todo, promete un negocio que empieza con fotos en internet y acaba en el mismo punto.
Guillermo Hernaiz, director de la revista erótica Primera Línea –Grupo Z- vio el potencial de la fiesta mediática y creó "una comunidad de minorías", según Hernaiz, donde además de promocionar sus propias fiestas también publicita otras en las que Nacho Vidal pincha discos. Además hay convocatorias a sesiones sadomasoquistas y blogs, como el de María Lapiedra, quien explica que su primer trío sexual lo tuvo a los 15 años.
"Apuntamos a una diversión inteligente" -dice Guillermo Hernaiz, y asegura que el éxito de la fiesta depende de crear sorpresa -: "hay que sacar el sexo de contexto y usarlo como aglutinador para que la gente sea protagonista". Esa es la fórmula para Hernaiz, que cuando busca un referente, la madre superiora de las fiestas conceptuales, coincide con la mayoría de sus colegas y menciona al colectivo Sociedad Cerrada: un grupo que se inició haciendo fiestas privadas en Berlín y hace cuatro años desembarcó en Barcelona con una página web. Allí explican que para ingresar a su comunidad hay que pasar un examen y aceptar las reglas: prohibida la ropa convencional, prohibido curiosear, prohibido criticar. La lista es larga y acaba con una sugerente negación: "No forzosamente" -esta fiesta- "tiene que acabar en una orgía. Pero ¿quiénes somos nosotros para censurar la máxima expresión del amor?". Para salir de dudas hay que participar.
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