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Antiguo 07/07/2008, 15:26   #1
Bikerman
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Ubicación: Al sur de Buenos Aires, Argentina
Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 401
Predeterminado Experimento I

Nela es mas amante de la inmovilización que de los azotes, aunque siempre termina con el culo rojo porque a mi, su amo, su dios, su dueño, le agrada cruzarle una buena surra en las cachas.
Su relación con la inmovilización lo tengo bien claro, goza como una perra estando sujeta a algo que aumente aun mas su inmovilización.
La zorrita, sin decirme nada, estuvo recavando información, fotos, técnicas y elementos para llevar adelante un “experimento” que tenía hace rato en mente.

Una tarde, mando a tomar por culo a su amiga con quien comparte desde hace poco el departamento para tener el lugar libre de injerencias y poder llevar adelante su plan.
Volcó delante de mi el contenido de una caja de cartón, en la cual había un rollo de “no-se-cuantos” metros de plástico de cocina, varios rollos de cinta de embalaje (Duck-Tape de color marrón y de menor calidad), finos cintos de cuero y – lo que mas me llamo la atención – un dildo eléctrico (El que ella tenia era “bobo”, sin vibración).
Me dio instrucciones detalladas, claras y puntuales. Escuche con sorpresa primero y con mucha atención después pues el tema era interesante. En esta ocasión, yo solamente seria un accesorio mas, no tomaría parte en esto mas allá que preparar la escena para su goce individual. Acordadas palabras y señales de seguridad, comenzamos el experimento.

Mientras ella se desnudaba, tuve que sacar el colchón de la cama para dejar la parrilla de madera al descubierto. Comencé a atar a Nela con sogas, todas las que tenemos. La idea no era un bondage artístico, sino efectivo. Inmovilizador. Luego, repartir sobre su cuerpo los cinturones de cuero, bien ajustados. Tuve que envolver sus manos en cinta de embalaje, anulando así sus dedos, quedando sus extremidades como simples muñones. Siguiendo sus claras instrucciones, primero le coloque la mordaza de bola y un trozo de cinta sellando su boca para luego comenzar a envolverla de pies a cabeza con el rollo de plástico de cocina. Tenia que agotar todo el rollo, lo que me llevo unos veinte minutos de estar girando lentamente alrededor de ella. Debía transformarla en un gusano plástico de pies a cabeza, teniendo solamente que dejar al descubierto su pelvis, tetas, nariz (Con especial cuidado de asegurar su respiración) y ojos.
Alzándola con cuidado, la acosté sobre la parrilla de madera donde antes reposaba el colchón, para (Otra vez!) tener que rodearla de cinta de embalaje sobre el plástico, pero esta vez, afirmándola firmemente a las maderas. Mientras cumplía con su pedido – llevaba mas de cuarenta minutos de trabajo y empezaba a fastidiarme – Nela ya comenzaba a excitarse lentamente. Sus instrucciones incluían el rodear también su cabeza – siempre sobre el plástico - dejándola imposibilitada de ejercer cualquier movimiento.
Al cabo de casi una hora y con mi paciencia al límite, allí estaba ella, bajo capas de cinta, plástico cinturones y sogas, dejándole a la luz del atardecer solamente su pelvis, tetas, nariz y boca.
Ahora comenzaba el experimento propiamente dicho:
Ejerciendo cierta presión entre sus piernas, empecé a insertarle en su vagina, ya muy húmeda, el dildo. Lo encendí. Ella vibro al compás del aparato. Luego, coloque unas pezoneras sobre sus tetas ya inflamadas de excitación, y con un guiño de ojos – señal previamente acordada – coloque un trozo de plástico sobre sus ojos que asegure con varias vueltas de cinta.
Ya mi participación era solamente de vigilante de la Nela momificada que se comenzaba a retorcer en la cama. Su excitación aumentaba. Se retorcía y luchaba infructuosamente con tantas ataduras. Se movía tanto como podía, que era muy poco. Las maderas de la parrilla no le permitían siquiera quebrar línea de su cuerpo. Gozaba con la inmovilización y con el aparatito zumbando en su vagina.
Me comencé a excitar.
En la situación en que Nela estaba, el único punto de placer que tenia a mi alcance eran sus tetas rosadas y calientes – que no están nada mal, dicho sea de paso - que parecían haber aumentado de tamaño ante semejante excitación que estaba viviendo. Sin dudar, reclame mí paga ante semejante trabajo artístico y las hice mías. Les quite las pezoneras al tiempo que me desnudaba y comencé a lamerlas y succionarlas con pasión. Ella acuso recibo de este agregado a su morbo y se retorcía aun más. Junte sus globos y coloque mi pija entre ellos y los frote hasta acabar abundantemente.
Nela seguía gimiendo y retorciéndose.
Al cabo de una media hora, emitió tres sonidos parejos y constantes: era la señal de que el juego había terminado.
Con la tijera (recomendación: de puntas redondas) corte el plástico y la cinta de embalar. Luego abrí los cinturones, corte las sogas (para acelerar el trámite) y le quite el dildo. ¡Menudo enchastre dejo en el! Se sentó en la cama como pudo y espero que le quite la cinta y la mordaza de bola, al tiempo que le liberaba las manos de sus guantes de cinta.
Estaba colorada, su rostro hervía, sus pechos inflados llenos de mi leche y su entrepierna casi chorreando. Estaba nerviosa, tensa, perturbada. Su piel estaba cruzada por marcas de cinturones y sogas. Poco a poco recobro la normalidad de sus pulsaciones. La vagina le ardía.
Mas calma, mientras retirábamos los restos de su momificación y poníamos en orden el lugar, me comento que por momentos, se sintió desvanecer, por momentos sintió una dulce claustrofobia, cree (¿cree?) que fueron mas de tres orgasmos los que vivió. Y la vagina le seguía ardiendo.

La conozco, se que esto fue tan bueno que no se quedara aquí. Mientras espera que su vagina se recupere (Me cerro su entrepierna hasta nuevo aviso!), seguramente estará preparando otro experimento…
Bike.-
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