Tema: El click
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Antiguo 10/07/2008, 23:18   #34
Amapola_Blanca
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Ubicación: bc n
Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 765
Predeterminado El click: cinco. dos

Se puede llegar al mismo lugar por diferentes caminos. Son las circunstancias y cada elección individual, más las tomadas por quien comparte el viaje contigo, las que describen el curso. Una vez emprendido no vale mirar atrás y lamentarse es una pérdida de tiempo. Esquivar el miedo es útil para afrontar el devenir, una vez convencida que no depende sólo de ti, que estás dispuesta a sentir sin renuncias, y sabiendo que todo tiene un precio. El lugar a donde llegué era el lugar destinado para mí. La naturaleza palpita en lo más profundo del ser y tiene su propia ley.

Pinocho me había traicionado la misma noche que salió del piso con él. Pero parecía que hubiera estado todo previsto, él no aparentaba estar decepcionado. Pinocho sólo fue un instrumento. Los días posteriores me mantuvo a distancia, terminaron las noches de divertimento y las caricias, y se calmó el deseo que me había torturado semanas atrás. Pero mi corazón permanecía angustiado, esperando su perdón y aguardando el momento del pago. Languidecían las horas en mi rostro y en mi ánimo y me sentía cada vez más pequeña, más vulgar, prescindible a su lado, huérfanos mis abrazos nocturnos y sonámbulos, insegura al vestirme, al maquillar mis ojos, al contacto con la gente, en mi trabajo. El temor y los celos me acechaban cuando me quedaba sola más tiempo del habitual, sin ninguna señal que me calmara, que me hiciera sentir su cuidado ni su complicidad. Y un día se desencadenó por fin lo que me convertiría en lo que no he dejado de ser, una perra ligada al olor necesario de su Dueño.

Entró charlando entre risas con una chica del este, bella y muy joven. Iba a realizarle algunas fotografías sexys según me dijo. Yo no comprendía el idioma en el que hablaban y sólo sonreí forzadamente a la desconocida, con toda la cortesía que logré reunir en ese momento. Se sentaron en el sofá y me hizo sentarme también a su lado. La chica llevaba una falda extremadamente corta y él posaba su mano sobre sus largas y robustas piernas, recorriéndolas despreocupadamente, durante la animada conversación de la cual yo era ajena. Recordé en un flash la tarde junto a Pinocho, al ser consciente que sus ojos apuntaban mis bragas, en el momento en que vi la tanguita transparente de la intrusa, dibujando su raja rasurada, por el mismo ánimo relajado que aquella tarde sucumbí a mi alocado instinto. Mis pensamientos se tornaron oscuros y empecé a mirarla con los ojos de él. Una excitación extraña y perversa, dolorosa, empezó a punzar mi alma lo mismo que mi sexo. Ella se complacía con sus atenciones y ofrecía su cuerpo a su mirada con la complicidad que mi presencia le ofrecía. La hizo levantarse y situarse de espaldas frente a él. Puso sus manos sobre su fino talle, cerrando su pequeña cintura y seguido sobre sus caderas amplias. La hizo inclinarse hacia delante y quedaron descubiertas sus redondas nalgas, las palpó y le propinó algunos azotes que la hicieron gritar levemente y la dejaron inmóvil en esa posición. Entonces me mandó ir en busca de la cámara y de la mano la llevó al lugar más espaciado del salón. Todo mi cuerpo temblaba o quizás era mi alma. La hizo apoyarse en la mesa y azotó de nuevo el culo de la chica mientras la hablaba y ella respondía brevemente, acarició aferrando con sus manos y apartó después la tanguita. Gruñó calladamente al rozar con sus dedos los labios húmedos que guardaban una intimidad conquistada. Se llenó de rubor mi rostro y me asaltó un impulso enfebrecido que me hizo ir hasta el dormitorio cerrando la puerta de un golpe. Entró seguido y por primera vez sus ojos miraron mis ojos. Me preguntó quién me mandaba moverme de donde estaba. Sacó los pechos del sostén y masajeó ambos mientras inquiría una respuesta con expresión grave. Desabrochó su bragueta sin dejar de mirarme, su polla estaba dura y buscó mis labios y mi boca. Me mojé mientras la mamaba, mientras le oía decir que deseaba follar ese culo precioso que había en la sala y yo iba a disfrutarlo sin rechistar. Y entre la impotencia y la rabia sentí cuánto le amaba a la vez que mis muslos se encharcaban, entre atormentados celos y adoración, tragando desesperada y diligentemente su polla, deseando su placer a expensas de toda esa turbulencia que me anulaba, que me hacía sentirme suya, en el límite, bajo su control, perra por primera vez, entregándome a su placer sea cual fuera.. fuera de otra. Y me arrastró al salón donde una preciosidad rubia y sonriente esperaba con la tanguita bajada, ofreciendo su carnosa redondez, confiada y sensual. Me acomodó en un sillón cercano bajándome las bragas, apresando mis pechos mientras me besaba como no lo hacía desde aquella tarde en que partió con Pincocho, separando mis muslos y sonriendo al sentirme entre sus dedos anegada. Tócate nena, vas a correrte conmigo

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Amapola

Última edición por Amapola_Blanca; 10/07/2008 a las 23:24
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