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Antiguo 11/07/2008, 19:09   #1
uryury
 
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Un día cualquiera de ella

Hoy le he pedido que se introduzca por el ano el consolador elástico y lo hinchara hasta que no pudiera más. Cuando ha terminado yo mismo lo he hinchado un poco más, debe de doler para que sea lo que yo busco. Ha gritado un buen rato y pedido que se lo sacara… pero me he negado, más aun, le he puesto el cinturón de castidad para que no se lo pudiera sacar… pobrecita como lloraba. Deberá llevarlo todo el día, en el trabajo incluido, es que hoy quiero su culo bien dilatado, le espera una noche larga. Le he preparado una sesión con unos invitados muy especiales.

- ¿Amo, tendré de ir al trabajo con el consolador dentro?
- Si, ¿tienes algún inconveniente?
- No amo, ninguno…

Después de ocho horas trabajando vuelve a casa y se arrodilla pidiéndome que se lo saque, yo sin hacerle caso lo hincho más… suelta un gran grito que no me gusta, por lo que le doy un puñetazo en toda la barriga que la dobla y la deja sin respiración, estirada en el suelo por la caída aprovecho a hinchárselo más, … no haber gritado. Llora como una desconsolada su ano debe tener un diámetro de mas de 10cm. y más de 30cm. de fondo.

- ¿Esto te pasa por gritar sin permiso, te das cuenta de lo que me haces hacer?
- Mmm buaaa (lloros). Si Amo, lo siento… me duele mucho… mmm buaa…
- Cállate! No quiero oírte, te pondré una mordaza si te oigo llorar más.

La preparo para la sesión de la noche, le pongo una mordaza para no oírla… desnuda ante mi con la bola en la boca y el cinturón de castidad bien apretado, le pongo los grilletes en tobillos, muñecas y cuello. Le ato las manos al cuello por detrás con una cadena para que sus pechos estén bien expuestos para lo que le espera. Se los pinzo con pesos para que se vaya acostumbrando, como llora la condenada, al menos ahora la mordaza de bola grande que le puesto le ahoga los llantos y no la oigo.

Para la sesión aun faltan unas horas, hay tiempo de cenar y lavarla; me pongo a ello. Le preparo la comida en su plato preferido. Siempre le compro la carne para perro más cara para que no proteste, la alimento demasiado bien, a veces pienso en rebajar un poco la calidad pero es que me gusta que tenga una buena alimentación. Parece que ya no le duele tanto el culo por que ha dejado de llorar, me mira con cara de sumisión para que le quite la mordaza y pueda empezar a comer. Se la quito y acto seguido me pide permiso para poder comer.

- ¿Amo, me da permiso para poder comer?
- Come.

Se arrodilla y con las manos atadas por la espalda al cuello empieza a comer como le enseñe hace ya algunos meses. Ella ya adquirido una buena técnica para comer y siempre consigue dejar el plato bien limpio para la siguiente comida, de nos ser a si le seria aplicado el castigo numero 23 de su lista personal de castigos que acordamos que le podía realizar. (Otro día os contare esta historia).

Toca lavarla para la sesión, me gusta lavarla mientras me ducho yo, así aprovecho el agua no es cuestión de ir tirándola. Ella entra en la bañera y se arrodilla, es su posición inicial de lavado, antes del agua recibe un meada mía por todo su pequeño cuerpo, empezando por el pelo, cara, boca y después el resto de su cuerpo.

- Gracias amo. – dice.

Me da las gracias por que este ritual de la meada me lo pidió ella cuando pactamos los derechos y deberes se su sumisión, ella quiso que pusiéramos esto como un derecho que ella tenia (era una autentica viciosa sin domesticar antes se ser mía), claro esta que si ella querría este derecho yo le aplicaría un deber para después de este acto; el acto en cuestión seria hacerme una buena mamada completa hasta que me corra en su boca y con la obligación de tragar todo mi semen.

Después de la mamada de rigor la levanto para lavarla bien… me cuesta un poco mas de lo costumbre ya que ahora va atada con los grilletes y pesos en los pezones, suerte que instale un mosquetón en la pared de la bañera para engancharle el collar a él, así no hay peligro que se caiga y la mantiene en una posición bien erguida. Aprovecho su relajación para hincharle más el consolador del ano, ella vuelve a estar gritando y llorando como una desconsolada. No me gusta que grite por lo que la abofeteo duramente dejándole lacara bien roja… pero ella sigue llorando y suplicando.

- Amo, por favor no puedo más… quítemelo.. me duele mucho.. mmm buaa…
- Si no te callas de una vez te volveré a amordazar

Dicho y hecho le vuelvo a poner la mordaza. En unos minutos se tranquiliza y termino de lavarla y la dejo en la bañera colgada por el cuello para que se seque.

Están apunto de llegar mis invitados para la sesión, voy a buscarla en el baño, ya esta seca, la peino y la examino, no me tengo que preocupar me por los pelos, hace un mes ice que le pasaran el láser para eliminarlos para siempre. Le quito la mordaza, no me gusta que babee, a al menos no aun, quiero que este bien limpia. Le desgancho del mosquetón y la saco de la bañera, pero ella cae al suelo…

- ¿Qué haces princesa?
- Amo, no puedo andar, me duele mucho… siento mucha presión… mmm buu…
- Princesa no iras a llorar otra vez me estas empezando hartar.
- Mmm bbu… No Amo, lo siento mbuu…. – dice entre sollozos.
- Si no puedes andar, princesa, arrástrate hasta la sala de sesiones ahora mismo.
- Si Amo, soy una tonta… (sollozo).
- Bien pues te espero allí y no me hagas esperar.

Me deleito mirándola como se arrastra desde la puerta del calabozo, atada como esta, con las manos a la espalda y sin poder mover las piernas por la presión no le queda mas remedio que arrastrarse como si fuera un gusano. Mierda, no quiero que se ensucie… así que le hecho una mano agorándola por el collar, acabo arrastrándola hasta dentro de la sala.

La sala que tenemos, es una mazmorra, bueno en verdad es un sótano relativamente grande, debe hacer 8 metros por 7, esta insonorizado para que los vecinos no oigan los gritos y suplicas de mi tesoro, por esto no me gusta que grite cuando estamos por el resto de la casa. En ella hay instrumental vario para las sesiones desde un potro de tortura medieval comprado en ebay… hasta el instrumental de tortura eléctrica comprado en el sex-shop.

Le desato las manos de la espalda para enganchárselas juntas a una polea que cuelga de una viga central del techo. La levanto y la dejo bien estirada ya que ella no se sostiene en pie, ella con esta ayuda consigue aguantarse de pie tambaleándose… le separo las piernas con una vara larga de metal que le engancho en los grilletes de los tobillos. Aprovechando esta posición le quito el cinturón de castidad para retirarle el consolador elástico que le mande colocarse hace unas 15 horas por la mañana, pero antes examino la entrada de su ano por fuera… esta muy abultado y el diámetro del esfínter con todo el consolador dentro es de 8cm., me gusta, tiene buena pinta, tiro del cable para hinchar para sacárselo poco a poco. Ella empieza otra vez a gritar. Ahora ya no importa, que grite tanto como quiera, no la va oír nadie. Sus gritos me recuerdan a los de la matanza del cerdo que vi el año pasado en vacaciones. Sigo extrayendo, a medio consolador fuera, en las instrucciones ponía que no se alargaría mas de 35cm y más o menos la mitad ya esta fuera de ella, su esfínter tiene ya 15cm. de diámetro y aun falta la parte mas grande de la punta… Tiro rápidamente para sacarlo de golpe, y ella mete un gran grito y queda colgando de las muñecas… se ha desmayado.

Fin de la primera parte...

Espero que os haya gustado, es un relato ficticio... ya me direis.

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