- Sabes Diana?
- Dime
- Sabes cual es mi fantasía preferida contigo?
- A estas alturas, con lo que hemos llevado nuestra locura a la realidad te quedan fantasías?
- Si, y es muy simple:- Te recuerdo en mi adolescencia, entre la primera comunión y la primera corrida, como me bajabas la bragueta y me la acariciabas con la mano.
Diana se puso roja y hasta creo que púrpura, pasando por rojo de Burdeos y tonalidades moradas tirando a frambuesa.
- Esa fantasía en mi hubiese sido una tremenda locura, un desbarajuste mental, una enfermedad imaginaría, pero ahora viéndolo en ti, es hasta provocador y sensual. - Pero aun así mi pudor se crece y con él mis escrúpulos, y quizás ahora me pidieses que me desnudara y sería hasta probable que no lo hiciera, y añado: creo que si me lo exigieres o te pusieres terco incluso te llevaría una bofetada o dos de tía, aunque presumiblemente fuese tu sumisa.
- Otra fantasía, era: dejarte inmovilizada con algún spray o cloroformo, y abrirte la cremallera, meterte mano, por todas partes durante dos horas y luego volverte a vestir sin saber que te había pasado. - Muchas veces me corrí así pensando en ti.
- Y no pensaste en tus otras tías?
- No, porque ninguna era como tu, y tu tan solo verte con los pantalones ajustados, daban ganas de íirsela a machacar: aun no se si las primeras mojadas de cama fueron pensando en ti.
La conversación era relajada, sutil, ambos leíamos en uno de esos encuentros, en algún apartamento lejos de nuestra ciudad. Ella viajaba y a veces me pedía que la acompañase. Iba de gorra, por supuesto, un estudiante universitario no puede darse esos lujos.
Entonces quiero saber que pasó porque le propuse intentar un shibari, un ikebana con ella, y leyendo poemas orientales se inició el calentamiento de mis genitales. Yo comencé a bocetar objetos, formas en un papel y ella agregaba opiniones.
Al siguiente día, tras varias horas, Diana estaba semi colgaba de un techo por la cadera y los brazos como una garza a punto de iniciar un vuelo ante un sol en poniente. El pelo enmarañado revuelto con musgo seco y una orquídea saliendo de su coño y los pezones untados de cola y brillo lentejuela.
Un círculo de velas rodeándola mientras yo jugaba con ella, y yo trataba de pinchar sus glúteos con una aguja cuando ella se agitaba totalmente, en eso yo no era nada experto. Vestía por asi decirlo un corpiño de seda blanca totalmente tijereteado y desgarrado asomando sus tetas y sus hermosas lunas oscuras, y su boca muy tensa sobre la bola de la mordaza que improvisé parecía sofocarla aun más.
Volví a ser el adolescente, y ella se movía excitada, le deje caer cera en colores, se agitaba aun más. Me pajee delante de ella, me corrí como un crío de catorce años. Ella miraba angustiada; yo era y soy su sobrino: Cuando la desaté estaba muy nerviosa, no solo era aquello sino la conversación del día anterior. Sentía pudor.
Le pedí que me pajeara, se lo ordene y lo hizo con cierta agresividad, para mi aun fue mas placentero así, entonces cuando ella estaba de peor gana le ordene: - ponte de cuatro patas perra! - extrañamente no titubeó, se puso y sintió como mojaba su interior, solo que acorto la estancia y regresábamos si apenas hablarnos.
Temí perderla. Sea_Lord
Última edición por Sea_Lord; 09/08/2008 a las 02:29 |