Diana, Alice
¿Se llama laberinto la soledad de las Dianas
o es la mano de los bárbaros, aquélla que te rompió,
la que te dejó siempre diosa en los museos y en el recuerdo
de tus fieles en los templos que ya se cerraron para siempre?
¿Diré tu nombre como el sésamo de los cuentos árabes
o la cita latina que adornaba las espadas derrotadas
de los últimos Cónsules de aquel imperio
que se destruyó en los rompeolas de tu corazón?
Aquí te veo, sometida, rota, a mano de los turistas, ansiosos,
quizá sólo los rigurosos profesores de historia te reconozcan,
pero yo, ahora, Diana, cazo tu imagen en mi cámara
porque, diosa cazada, sólo el destino tendrá tu cuerpo ausente.
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