Tal como se inicia este hilo, hay dos temas no claramente unidos. El primero es si la excitación femenina (no se habla y es importante si lesbi, hetero, bi o tantos por ciento) se acentúa con la visión de fotos o imágenes. El segundo es lo de las chicas “bonitas”, quizá un adjetivo más
próximo a un pescado (que por cierto me encanta) que a las personas.
La teoría psicológica suele incidir en que la mujer tiende menos a excitarse con fotografías que el hombre (factores como distanciación o grosería no lo favorecen tampoco). Indudablemente la clave está en la palabra “menos”. Saber si es algo genético o cultural es casi imposible. Añadir razonamientos como que en las cuevas paleolíticas la caza requiere más finura visual puede ser una simple hipótesis, o que durante mucho tiempo se ha negado como algo peligroso incluso la excitación femenina es todavía hoy visible, por ejemplo, en la mitad del mundo africano favorable a la ablación del clítoris.
Recuerdo que en algún manual de pornografía se hablaba de falos de marfil donde las mujeres medievales grababan en el extremo externo la cara del amado, para así, al introducirlos, verlo como entraba. El hecho de que sean menos frecuentes las manifestaciones de atracción por la imagen erótica de la mujer no significa que, por un lado, haya una atracción oculta (quizá por elementos menos “ostensibles” en las fotos), y, por otro, que todo eso cambie radicalmente en nuevas generaciones de mujeres vinculadas ya totalmente al mundo de la imagen.
En cuando al segundo tema propuesto por el hilo (y que ya ha tenido puntillazos de algunos participantes de este hilo) el asunto es muy obvio: la estética es siempre algo cultural, social y personal. Cada cultura estima unas formas perfectas y otras imperfectas, y nosotros ponemos a nuestros dioses delgados, por ejemplo, y en la India, gruesos. También hay sociedades, como la italiana con fetiches como Sofía Loren o como la francesa con BB, manteniendo así diversas miradas sobre lo femenino. Y sobre estos dos niveles, no olvidemos que cada persona tiene una mirada diferente sobre las cosas. Y recordemos aquello que decía el zorro sobre el pelo del Principito y los campos de trigo. Normalmente, y salvo adecuaciones ajustadísimas al canon imperante, nos gusta una mujer porque presenta atractivos físicos y psíquicos que ya nos “gustaban” antes, y más aún, si nos gusta mucho una persona se da el caso de que muchas de sus cualidades o defectos nos empiezan a gustar (adorables dientes de ratón o encantadoras orejas sin lóbulos, acabamos por decir).
La estética no es sino una abstracción intelectualizada y general del gusto particular, según las personas y la sociedad y el tiempo donde viven. Nada más...ni nada menos.