Vaya Karla, gracias por el comentario. Me alegra que te gustase, pero te puedo asegurar que no era ni de lejos mi intención sacarle a nadie unas risas, pero si lo he conseguido, fantástico, me encanta que la gente se ría conmigo.
Pero vamos, que el hecho de que haya contado esa experiencia, no era en absoluto con fines humorísticos. De hecho, aquello ocurrió hace ya casi dos años, y aún recuerdo aquel día con una gran tristeza. Te puedo asegurar que jamás en mi vida me he sentido más humillado. Aquel viernes me sentí como una mierda, como un juguete sin el más mínimo valor. Me sentí despreciado por la persona a la que más quería en el mundo, y esa, fue una herida que dejó una buena cicatriz en lo más profundo de mi alma. Tanto fue así, que mi relación con Eva calló en picado. Antes dije que volvió a la normalidad, pero sólo fue una ilusión que se empezó a despejar a las pocas semanas. Aquel día, me sentí traicionado, no se muy bien por qué, pero es así como me sentí. Me sentí traicionado, infravalorado, totalmente despreciado, e incluso odiado. Para mí fue tan traumático, que provocó el declive de nuestra relación. Poco a poco, yo me volví desconfiado hacia ella, y empecé a rebelarme.
Espero que este segundo comentario, también sirva a quien lo lea. Si vuestros sumis@s se parecen a mí en el sentido de que más que a una situación temen lo inesperado, entrenadlos, pero hacedlo poco a poco, porque lo mío fue una auténtica terapia de choque, y al final, como suele decirse, fue peor el remedio que la enfermedad.
Venga compañer@s, un saludo y a cuidarse!!!