Interesante la pregunta con la que abre este hilo ConstanceDLord. El problema es que la propia vida es la que no es ni sana, ni segura ni consensuada. Luego, es el ser humano el que establece unas normas y leyes, bastante diferentes a veces según las civilizaciones y pueblos, encaminadas por un lado a mantener la sociedad y por otro a dirigirla hacia un ideal.
Al mismo tiempo, y el asunto ya viene de Platón, no podemos frenar el avance de uno de los dos caballos que tiran del carro (el blanco y el negro) porque más temprano que tarde volcamos. Es decir, el lado de luz y el lado de oscuridad del espíritu del ser humano tienen que ser “alimentados” y cuidados, porque si no algo acaba por oler a podrido en Dinamarca.
El asunto que plantea Jehanna no es baladí: “Consensuado si, pero por dios, dejemos de decirlo, no se si me explico... juguemos bien. Tirémonos sin red a veces. No se, me da la impresión de que queremos hacerlo todo tan seguro, tan sano, tan consensuado, tan bdsm correcto, que le quitamos toda la gracia”. Pues si el BDSM atañe sobre todo al lado oscuro, ¿cómo iluminarlo con la razón y las buenas maneras y al mismo tiempo seguir dejándolo oscuro?
Supongo que la pregunta inicial del hilo es buena precisamente porque no tiene respuesta. Porque implica que la persona tendrá que tomar día a día la responsabilidad de establecerse a ella misma los límites, o saber el precio que puede tener cruzar las fronteras. Yo, de todas maneras y frente a tantos discursos aparentemente sociales y religiosos, siempre he creído que el ser humano tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo, sobre la duración de su vida y sobre lo que sueñan sus fantasías.
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