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Viejo 06/07/2006, 18:36   #7
CONSUL2
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Localización: Madrid
Fecha de Ingreso: Jan 2006
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Predeterminado Segundo fragmento

A partir de una aportación de beybi, de unas fotos de zule y de una película de Bergman.


Sentí el sonido de unos pasos detrás de mí. El ruido de las hojas que yo apartaba con la mano tenía eco, pensé. Pero no era así, alguien me seguía escondiéndose entre los árboles y el sotobosque. Empecé a alarmarme, sentía miedo, aunque también mezclado con un poco de excitación. La idea de que alguno de aquellos hombres que había visto antes, en la parada de camioneros, y cuya mirada sentí clavada en mis pequeños pantalones de acampada, me hubiera seguido cuando me metí por el camino del bosque me hacía temblar, aunque también reconozco que me empezaba a sentir un poco mojada, viéndome ya tirada sobre las hojas, con las bragas tapándome la boca y mis piernas abiertas y forzadas por él, que tendría una cara brutal y que llevaría una de esas espantosas camisas a cuadros de los leñadores pobres.

Quise correr un poco más, pero era imposible atravesar aquellas zonas de zarzas sin clavarse espinas en todas partes. Hubo un momento en que sentí mi respiración ansiosa, y las pequeñas heridas de las zarzas en mis manos y en mis piernas desnudas...Me di cuenta de que tenía mucho calor y de que mis pechos parecían empujar más que de costumbre la camiseta ajustada que llevaba. Con cierta vergüenza noté que mis pezones se marcaban mucho, y que si ese hombre que me seguía me hubiera visto entonces, con los labios abiertos, mi cuerpo sudado y el estado de mi camiseta, no hubiera dudado en tirarme sobre la cama de hojas secas por donde yo intentaba caminar lo más aprisa que podía. Aunque había algo, como una piedra que colgara de mi cuello, y cuyos nudos se frotaran en mi ingle, que me hacían a veces detenerme, y escuchar los pasos de él. Casi como si esperara que me alcanzara.

Crucé una zona más espesa de vegetación y sentí un golpe en mi cuello. Ya había ocurrido, por fin. Estaba tumbada en el suelo, mi cara hundida entre el barro seco y las hojas. El me estaba quitando a golpes mi ropa. Sentí su olor a comida y su respiración agitada...Mis manos las tenía apretadas a mi espalda, quizá sujetas por un cinturón o una cuerda ancha. Me preparé para el dolor de la penetración..., pero no sentía nada. Una suave sensación húmeda y algodonosa en mi sexo....Sentí que me introducía algo...Y me desmayé.

Al despertar, el sol ya se había puesto. Hacía un poco de frío. Sentí mi cuerpo totalmente desnudo entre la hojarasca. Al levantarme, temblando, miré hacia mi sexo y vi unos hilos de líquido rojo oscuro. Pronto pude comprobar, introduciéndome los dedos, que el hombre que me había seguido había satisfecho una de las depravaciones que más gustaban en aquellos pueblos, según me habían contado: la introducción forzada de fresas salvajes en el sexo de chicas jóvenes.

C2

Editado por CONSUL2 en 06/07/2006 a las 18:39.
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