Querido CONSUL2, no sabes lo que pides

, es como abrir la Caja de Pandora, pero bueno, allá tu

y ahí va una de mis fantasías.
UNO
Ando por la calle después de un día agotador, uno de esos días en que mejor no levantarse. He discutido con mi novio y siento una gran tristeza. Me parece que nuestra relación está en estado terminal. Me voy angustiando y los problemas crecen y crecen hasta asumir proporciones gigantescas. Mi situación económica, mi precaria situación laboral... no puedo mas, tengo que detenerme y entro en un bar. Me siento y el camarero pasa de mi, va mesa por mesa, aunque la mayoría se han sentado mas tarde que yo, y es como si no existiera para él. Me habré vuelto invisible otra vez. Una pareja sentada a mi lado intercambian besos y caricias. Miro a otro lado, pero aun asi, de pronto siento que todo es excesivo y rompo a gritar. Poniéndome en pie estampo el cenicero con fuerza contra el suelo y se rompe en mil pedazos. Hecha una furia, pego una patada al camarero que, ahora síi, ahora acude corriendo.
La gente me mira asombrada y me echo a reir con carcajadas histéricas. Tengo una idea, necesito descargar mas adrenalina y echo a correr y cojo una piedra del suelo y la lanzo a un escaparate lleno de cosas idiotas e innecesarias. Estoy en pleno ataque psicótico, supongo, pero me siento maravillosamente. A todo esto llega la policia y yo forcejeo con ellos, les llamo de todo y me niego a entrar en razón. Se que parezco una loca, una loca furiosa. De pronto el sonido de una ambulancia y gente con uniforme sanitario me rodean. Me enfurecen. ¿Qué demonios hacen? ¿Que quieren de mi? ¿Quién les ha llamado? ¿Por qué no me dejan en paz?. No quiero ir a ningún lado, grito y lloro al mismo tiempo y empiezo a sentirme otra vez mal. Me ponen una inyección y casi les rompo la aguja al retorcerme para impedirlo. Grito, esta vez de dolor. Y todo el mundo se desvanece.
DOS
Cuando recobro la conciencia estoy confusa. Veo paredes pintadas de blanco y estoy tumbada en una camilla. Intento levantar un brazo y no puedo y al hacer ese movimiento me doy cuenta de que estoy atada. Mis muñecas y mis tobillos estan aprisionados por fuertes cintas de velcro adhesivas, totalmente fuera de mi alcance. Siento mi cuerpo desnudo debajo de una bata de hospital de esas abiertas por detrás. Me siento vulnerable, frágil, y eso me enfurece de nuevo. ¿No tengo acaso derecho a tener un dia malo? ¿A quien he matado para que me tengan asi, atada como un criminal?. Grito hasta quedarme ronca y forcejeo para intentar aflojar mis ataduras. Oigo ruidos y veo como se abre la puerta, metálica, pesada (una cárcel, me digo, esto es una maldita cárcel). Espero ver a una enfermera y me sorprende ver un enfermero o un médico que se dirige hacia mi. Estoy muy cabreada y le insulto, le digo que haga el jodido favor de soltarme de una puta vez. El no dice nada, solo me mira, allí de pie al lado de mi camilla. Ha cerrado otra vez la puerta, herméticamente y yo vuelvo a sentirme encerrada. Intento concentrarme en conservar la calma, me digo que si les demuestro que estoy tranquila me soltarán. El hombre sonrie levemente ahora y no entiendo la razón de esa sonrisita fría. Le miro con mas atención, viste una bata blanca, tiene el pelo corto, muy corto y castaño, mediana estatura y nada que le diferencie o distinga especialmente. Un hombre corriente. Mediana edad, sin rasgos destacados. Ojos de mirar intenso, un toque de dureza en la expresión, en la forma de la barbilla. Algo que me hace estremecer de un modo que nunca había sentido.
Saca unas tijeras de su bolsillo y le miro asombrada, sin decirme ni media palabra separa la bata de hospital de mi cuerpo y con brusquedad y con ayuda de las tijeras la rasga de arriba abajo. Luego separa ambos trozos y corta las mangas. Yo me retuerzo como una anguila y le insulto de nuevo. Estoy desnuda, estoy desnuda y furiosa, pero estoy muy bien atada, con las piernas y los brazos tirantes, abiertos en cruz. Mi capacidad de maniobra es nula. Estoy desconcertada y un poco asustada (mas que un poco, dice lo que queda de mi mente racional) ¿Es este un comportamiento propio de un hospital?. intento pensar y llego a la conclusión de que estoy en un psiquiátrico, nunca he estado en ninguno. De golpe vienen a mi memoria todas las películas que he visto sobre el tema e intento calmar mis pensamientos. Son solo películas, Laura, solo eso. Nada que ver con la realidad. Tienes demasiada imaginación y un control emocional muy malo y mira adonde te ha llevado todo eso, me digo a mi misma, en un ataque de racionalidad/culpabilidad.
El enfermero me retuerce un pezón. Lo ha pinzado con sus dedos y lo aprieta con fuerza, retorciéndolo. Empiezo a pensar que estoy en medio de una pesadilla psicótica o que he caido en manos de un monstruo. Grito pidiendo ayuda. El saca una inyección del bolsillo de su bata y me la pone en el brazo. Cabron... murmuro, pensando que va a dejarme sin conocimiento, pero no, no me ocurre eso. El efecto de la inyección es casi inmediato y hace que me sienta mas calmada pero sin dejar de ser yo. Puedo hablar y observarlo todo, pero como si lo viera desde una cierta distancia critica. El hombre ha sacado dos pinzas metálicas y ahora me las pone en cada pezón y yo grito y quiero escapar a ese dolor. El susurra en mi oído: transfórmalo, pequeña, dale tiempo. Esta loco, ahora lo se. He caido en manos de un loco o un criminal, me digo, pero sin embargo algo extraño me ocurre. No me importa. Algo está cambiando. Su voz en mi oido ha dejado algo parecido a una caricia,imperiosa, extraña. Sus dedos hábiles cogen una maquinilla de afeitar, no me lo puedo creer, se dispone a afeitarme el coño!, esto es demasiado. Siento como me cubre con espuma y como da largas pasadas, quitando todo el vello, su labor totalmente facilitada por el modo en que estoy expuesta. Siento rabia y humillación y también algo muy raro, un cosquilleo, un estremecimiento. No quiero pensar en que me estoy excitando, no puede ser.
Ha terminado de afeitarme y ahora me da dos fuertes palmadas y yo gimo y me averguenzo de mis gemidos. Me parece que mi cuerpo me traiciona. No entiendo mis reacciones. Sus dedos hurgando en mi coño son hábiles, no lo acaricia, solo lo asea y eso me resulta abrumador. Coge otra pinza, larga, metálica y cuando intuyo lo que va a hacer y todo mi ser se rebela, ya lo ha hecho. Grito y mi grito esta vez corta el silencio y me parece que llega a todas partes, pero él no parece en absoluto preocupado. Siéntelo, me dice, es como si mis dedos te lo hubieran aprisionado. Yo solo noto un intenso dolor, un dolor atroz que recorre mi clítoris atrapado, pero seguro que en esa inyección había algo que me ha roto las defensas, que ha cambiado la estructura de mi comportamiento, que me ha dejado asi, porque por debajo de eso, se insinua algo parecido al placer (placer?, me estaré volviendo realmente loca?).
Ahora tiene en las manos un instrumento metálico, algo parecido a un desatascador con un mango largo y grueso. Me lo introduce, así pinzada, y va metiéndolo y sacándolo con rudeza y ritmo. Y ahora si, ahora el placer empieza a invadir mi cuerpo, a pesar mio, supongo, pero intento mover un poco las piernas, adaptarme a su ritmo, seguir los movimientos. De pronto estoy salida, tan caliente que apenas puedo controlar nada y me dan verguenza mis gemidos, mi actitud de entrega. Daría igual que no estuviera atada. De pronto para y mi mundo se detiene. El me mira severo y solo dice: ni se te ocurra.... y se acerca a mi cara, la mueve hasta dejarla de lado, con mi mejilla apoyada en la camilla y mete su polla en mi boca, hasta la garganta. Nadie me la ha metido así nunca y me atraganto. Intento sacarla de mi boca y recibo una fuerte bofetada, que me atonta un poco, me hace ver las estrellas. Ni se te ocurra... vuelve a decirme.. y sigue follándome asi, porque es lo que está haciendo, me está follando la boca. Y yo abro la boca tanto como puedo a fin de facilitarle la penetración. Mi coño palpita y siento que voy a correrme, pero se que no debo, no se como lo se, pero lo se. Siento que se corre y noto como el liquido inunda directamente mi garganta y no tengo mas opción que tragar, y lo hago. Noto sus estremecimientos en mi interior, le noto dentro de mi. Cuando se retira, puedo respirar un poco, él me dice, con una mano en mi nuca: ahora límpiame, y no se por qué razón, pero me parece lo mas normal y lo hago. Le limpio como una gatita, le lamo con mi lengua y le quito cualquier rastro de semen de su polla. Le chupo los huevos, con delicadeza, se los lamo también, la piel sensible del escroto. Se separa de mi y se pone otra vez de pie entre mis piernas. Sus manos azotan mi coño humedo, lo azotan con ritmo y con fuerza, separa los labios y saca de un tiron la pinza de mi clitoris y lo presiona mientras me ordena: córrete ahora, puta!. El orgasmo llega como un rayo, me recorre de punta a punta, me asalta tan fuerte como no he tenido otro orgasmo en mi vida y me deja en un lugar donde no hay nadie mas que yo. Sin embargo oigo su voz, soy consciente de que está ahi. Pierdo el conocimiento.
Un paño humedo entre mis piernas me alivia con su frescor. Noto que me quita las pinzas de los pezones y los muerde delicadamente. Me quita las ligaduras de los brazos y noto como desliza un camison limpio por ellos. Enfoco la mirada entre mi pelo desordenado que él acaricia y pone en su lugar. Se ha arreglado la ropa.
Ha sido la inyección, verdad?, de qué droga se trata?.
Ahora sonrie. Una leve e irónica sonrisa.
Si, es un nuevo tratamiento experimental para casos como el tuyo.
Como se llama?, dime que nuevo medicamento has probado conmigo, que produce esos efectos?
Claro, dice él, justo antes de salir por la puerta: P L A C E B O
Oigo su carcajada mientras la puerta se cierra y me deja en la penumbra.
Jehanna