Aislada
Los últimos castigos que he recibido han ido acompañados de un aislamiento sensorial al que no estaba acostumbrada y que han incrementado de forma importante las sensaciones al recibirlos.
En mi última sesión mi Amo, tras impedirme la visión me impuso una mordaza en forma de bola de madera que ahogaba cualquier atisbo de queja por mi parte. El castigo consistió en azotes en las nalgas y en los pechos, previamente comprimidos para incremetar su sensibilidad.
Al final me permitió que le satisfaciera oralmente, cosa que hice con un extraordinario placer.
Olga.
|