Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
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| Una kajira = Una mujer. Relato real.
El reloj marca la hora convenida y apareces por el lugar de siempre. Jamás miras mis ojos desde lejos, pero tu sonrisa me dice: “Te he visto Amo”. Y yo, sonrió contigo, levantando mi mano en señal de saludo. A solas, en el coche, una vez que te permites mirar mis ojos, me saludas con un dulce “buenos días, Amo”. Y yo te beso en los labios, sonriendo, con un: “buenos días, kajira” en los míos. En ese momento, te relajas, y sueltas una risita nerviosa. Estas contenta. Te pregunto donde iremos, aun conociendo tu respuesta: “donde tu me lleves mi Señor”. Entonces, elijo destino y canción para el trayecto. Guardas silencio hasta que te pregunto, que tal el día. Y la charla entre ambos, fluye tan natural y relajada. Es todo tan fácil. Desayunaremos antes de salir de compras.
Al llegar al bar elegido, y una vez que hemos escogido mesa, esperas a que yo te indique que deseo desayunar, y con la mas hermosa de las sonrisas en la boca, te levantas a servirme. No puedo evitar reír, cuando, pasito a pasito, vienes con el café y mi desayuno, un plato en cada mano. Si querer derramar una gota. Queriendo ser del todo exquisita.
Pones el café sobre la mesa, y a continuación, con movimientos medidos, abres el paquete de azúcar y lo viertes en la taza. Yo te miro y sigo sonriendo. Tus actos son, tan perfectos, y a la vez tan sencillos. Cuando has movido el café, despacio y calmadamente, agarras la taza y besas el borde, girándola después, para que mis labios, coincidan con el beso. Entonces, comienzas a untar el paté en mí tostada, metódicamente, poniendo un precioso esmero que disfruto, dando un sorbo al café y disfrutando de tus movimientos, cada uno, más perfecto que el anterior. Me sonríes, cuando el desayuno esta listo, sobre la mesa, y es entonces, cuando pides permiso para ir a por el tuyo. Solo necesitas un movimiento de mi cabeza, y con un: “gracias Amo” te diriges a la barra. Luego, de nuevo la charla, tus preguntas sobre Gor, sobre mi, sobre mis gustos, mis aficiones. Jamás te cansas de aprender y escuchar y tus ojos me interrogan cuando hablo. Es fácil sonreír contigo. Iremos a comprar Te. Esta tarde quedamos con unos amigos, y nosotros llevaríamos el Te y los dulces.
Al llegar a casa de ellos, te descalzas en la entrada y así, descalza, pasas a la cocina a calentar agua, mientras yo tomo asiento en el salón de la casa, y charlo con los anfitriones. Nuestra común amiga y anfitriona, corre a la cocina a ayudarte con el te, pues como tu, ella es kajira. Escucho murmullos y risas en la cocina y disfruto al pensar, de que se ríen ambas mujeres. Al poco, apareces con la más bonita de las sonrisas en tu rostro, y una bandeja, que manejas con un exquisito cuidado, para arrodillarte junto a mí, y depositarla con esmero, en la mesita de cristal, frente a nosotros. Nuestra anfitriona sonríe, diciéndote con un susurro: “despacito niña, no lo tires!!” Entonces, te muerdes el labio de abajo, concentrada. Adoro ese gesto. Cuando la bandeja reposa ante nosotros, tu apartas tu cabello rizado, con un simple gesto, sobre tu hombro y pides permiso para servirme el te. Acaricio tu barbilla, con mi mano izquierda, en gesto de aprobación, y viertes el humeante agua, sobre mi vaso, tapándolo luego para que el aroma no se evapore. Miras de reojo a la anfitriona, que te sonríe. Observo la complicidad de ambas mujeres y me siento satisfecho. Mi kajira aprende tan rápido, y con tantas ganas. Cuando han pasado unos minutos, levantas la tapadera que cubre mi vaso, y observas que el te, tiene el color y aroma justo. Depositas dos cucharadas de azúcar, tal como a mi me gusta, y mueves suavemente, la cucharilla, mientras levantas tus ojos hacia los míos, y suspiras, sonriendo. Al retirar la cucharilla, soplas un poco sobre el vaso humeante, y dudas un poco, antes de cogerlo, sobre su plato, para ofrecérmelo. Tienes que besar en borde, es tu deber de kajira…pero esta tan caliente ¡!!
Vuelves a mirarme, y esperas mi orden para besar el recipiente. Te sonrió. Sé que te quemará un poco los labios, pero aun así has de hacerlo. Cierras los ojos, y suelto una risa cuando, frunces los labios, y sueltas un sonoro beso en el vaso. Luego, azorada por la quemazón momentánea de tus labios, levantas la taza hacia mi y dulcemente recitas la letanía: “Amo, esta muchacha desea que el te sea de tu agrado”.
Mientras levanto el plato, hacia mi, cruzo las piernas, dejando que mi pie, calzado, quede a un palmo de ti. Sabes entonces que has de hacer y con suavidad, desnudas mi pie. Apartas el calzado a un lado, y comienzas a acariciarlo, despacio, mientras continuo charlando, y alabando el sabor del te, realmente delicioso. Por unos minutos, me relajo mientras lames mis dedos, y me sonríes al mirarte. El te es delicioso, las caricias de mi kajira lo son aun más. La charla se distiende y al cabo del rato, el anfitrión y yo, decidimos que es hora que las kajiras, retiren el servicio. Con un…”Si Amo”, vuelves a calzarme, y con los mismos hermosos movimientos, levantas la bandeja, desapareciendo otra vez en la cocina, seguida de la anfitriona. Ella esta contenta, pues ha visto tu cara de felicidad, mientras me servias. Y se complace.
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