Hay un local en mi pueblo. El camarero es idiota, descararo y maleducado. Va muy poca gente a ese local, precisamente por las malas formas de este hombre. Pero yo sí voy ¿por qué? Pues porque el local es agradable, las copas baratas y la compañía grata. El camarero (que además es el dueño) me la trae al fresco, que lleve su negocio como le de la gana.
Él sabe lo que yo pienso, alguna que otra vez nos hemos enfrentado. Sin embargo me tolera ¿por qué? Pues porque consumo, y llevo gente. Y la mala fama que le daría echarme no le compensa por un calentón del momento.
Él me proporciona un lugar agradable y yo se lo agradezco en este caso con dinero. Mientras no intente destrozarle el local todo irá bien.
La analogía es igualmente válida en este foro. No estoy de acuerdo con algunas decisiones de contraste. Pero me gusta el ambiente y la gente: me quedo. A cambio yo aportaré lo que pueda como vengo haciendo desde que entré.
Con esto quiero decir dos cosas. La primera que uno debe aplicar sus propias leyes, pero siempre con cautela. Y la segunda que lo que importa de verdad es la gente, no el dueño del sitio.
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