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Antiguo 12/09/2006, 09:10   #1
Master Sumun
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Ubicación: Sevilla
Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 258
Predeterminado Leyendas secretas- La kajira de seda.

Acurrucada en el suelo, como una preciosa hembra de felino, la kajira sonríe con los ojos cerrados. Sus tobillos, sus muñecas y cintura, están ceñidos con ajorcas de pequeños cascabeles. Ella, mantiene su frente pegada al suelo de la tarima de madera y oye el bullicio de la sala. La taberna esta a rebosar. Desde que ella danza, cada noche en estos meses, la clientela sube y sube. Eso es bueno para su Amo, el dueño de la taberna y bueno para ella, por que su precio subirá. Ya no es la torpe muchacha que un día, llego de la tierra, lloriqueante y quejumbrosa. A la que en muchas ocasiones, azotaron por su rebeldía y negativa. Ahora, tras muchos meses conviviendo en Gor, con otras mujeres esclavas, es una verdadera mujer, que sabe como comportarse ante los hombres y que acepta feliz su condición de esclava. Toda una esclava.
El maestro de tarima, la anuncia. Los músicos toman posiciones tras ella y en un momento dado, la sala queda pendiente del brillante cuerpo de la mujer, embadurnado en oleos y pintura de danza. Su cabello oculta su rostro. Su cuerpo esta adornado por sedas, estratégicamente colocadas para que al girar o contorsionarse, los hombres puedan adivinar, por unos segundos, la armonía y belleza de su cuerpo torneado. Es consciente del poder que ejerce sobre ellos, y esta noche, una vez mas, tratara de hacerles pensar que ella esta a su alcance. Pero no es así…y lo descubrirán para su penar. Ella no esta al alcance de cualquier hombre. Fue lo que se propuso cuando se sometió al collar. Ella sería la mejor, la mas deseada.
Todos callan. Una flauta de madera, comienza a lanzar suaves notas que hablan de un amanecer en los llanos. Ella es una semilla de “dina”,. La flor de las kajiras. Y su cuerpo va creciendo, como crece la flor al abrigo de otras plantas más fuertes. Acariciada por el sol y la lluvia, la flor germina. Acariciada por las notas de la flauta, su cuerpo se levanta, lentamente, sobre sus rodillas. Aún no ha abierto los ojos. Ellos no merecen todavía que los mire. Los hará esperar un poco más. Mientras, sus brazos, a manera de hojas, se despegan de su cuerpo, perezosos, para cruzarse sobre su cabeza. En ese momento, los panderos de piel, lanzan un estallido y la kajira, salta sobre sus desnudos pies, ante la algarabía general de los hombres, que jalean y gritan. La esclava queda por unos segundos inmóvil sobre la tarima, los panderos, flautas y demás instrumentos, la envuelven en un manto de ritmo. Es el momento de abrir los ojos, y mirarlos…a todos. Apartando su cabello, con un gesto de su cabeza, la mujer lanza una mirada a los presentes, que por unos instantes, para el pulso de la sala. Ella sonríe y gira el cuerpo, dándoles la espalda. Negándoles la mirada, y moviendo las caderas al ritmo de la percusión, mientras siente, como dardos, los ojos de todos, clavados en ella.
Comienza su danza, y su cuerpo es ahora, un objeto de deseo que la kajira, muestra a todos, desafiante. Siguiendo el compás, se acerca al borde de la tarima de madera, sonriendo, humillándose ante los hombres, ocultando de nuevo sus ojos tras su melena, preguntándoles con el gesto: ¿Quién no desea tomarme? ¿Quién de ustedes no pondría su collar en mi cuello? ¿Acaso no querrías a una mujer así en tus pieles esta noche? Los hombres de la taberna, como uno solo, jalean y golpean las mesas. Ella ha conseguido ser el deseo de todos. Su vientre enjoyado, se ondula como olas del mar de Thassa. Sus pequeños pies, golpean el suelo, y marcan el compás del corazón de los presentes. Sus manos, como hojas al viento, dibujan símbolos en el aire, que cada uno interpreta como una señal para el. Sus ojos buscan otros ojos, sus labios abiertos, toman aire y su pecho, sube y baja agitado por la danza. El brillo de las lámparas se refleja en su piel, y la hace parecer un ser irreal. El sudor perla su cuerpo y la kajira, comienza a tomar aire, a través de su boca, emitiendo suaves gemidos.
El climax de la danza se acerca, cuando la percusión en su momento mas álgido, lanza el cuerpo de la esclava, a un frenesí de giros y movimientos, que hace que la taberna entera, se ponga en pie. Cuando la música cesa, ella vuelve a caer de rodillas sobre la madera de la tarima, y todos, como un solo hombre callan. Es el momento, en que la muchacha, respirando agitadamente, adopta la pose de una kajira sometida, cruzando sus manos delante de ella, con las palmas apoyadas en el suelo. Su frente toca el mismo, y aunque nadie la ve, sonríe de felicidad. El maestro de tarima, ante el silencio general, sube hasta donde esta la muchacha, y coloca una cadena en el collar de su cuello, retirándola del escenario de su danza. Ella, se levanta suavemente y sus ojos humillados, no se despegan del suelo. Todos la observan sonreír. Una pequeña kajira, una simple esclava los ha hecho poner en pie. Ahora se dan cuenta y muchos, piensan en hablar con el dueño de la taberna, para saber su precio. Ella no esta en venta. Pero volverán mañana para intentar comprarla de nuevo. La kajira venció otra noche mas.
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