Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 615
| El Claro Del Bosque ella…
Aquel claro del bosque era perfecto para SUS intenciones. La luna iluminaba ese espacio único, libre de árboles, en medio de la espesura, parecía que todo se había puesto de acuerdo para SUS propósitos.
Sobre la mullida alfombra de hierba fresca y florecillas silvestres, fue extendiendo siguiendo un ritual tantas veces ensayado, todo aquello que su Amo, su adorado Amo le había dicho que tenía que llevar. Fue colocando todo según un orden preestablecido y cuando hubo acabado con ello, se dispuso a prepararse para la visita de su Amo.
Se desnudó ceremoniosamente y de la misma manera fue doblando y colocando la ropa que se iba quitando. Cepilló su larga cabellera negra y la adornó con tiernas florecillas silvestres. Untó su cuerpo con aceite aromatizado con gardenias y todo el aire se impregnó de ese perfume fresco y penetrante. Ajustó el collar a su cuello y colocó la cadena. Antes de colocar un pañuelo rojo a modo de venda sobre sus ojos, comprobó que todo estuviese perfecto, cuando se aseguró de que así era, de que todo estaba tal como lo deseaba su Amo, se vendó los ojos y procedió a esperar a su adorado Amo en la posición en que El había ordenado: sentada sobre sus talones, la espalda recta, el pecho hacia afuera y los brazos extendidos con las palmas hacia arriba, sosteniendo sobre ellas la cadena unida al collar y en actitud de ofrenda. La cabeza alta, bien alta.
(En éste aspecto, ellos se salían de la norma, ella jamás bajaba la mirada en presencia de su Amo, incluso le miraba fijamente a los ojos, sin que ello supusiese una falta de respeto o sumisión por parte de ella hacia su Amo, simplemente, ellos eran así)
Ella no podía verlo, pero daba una imagen tan bella, así, toda ofrecida en ese claro del bosque y bañada por la luz de la luna....
Allí se encontraba ella, solamente vestida con su desnudez, atenta al más mínimo ruido que le hiciese pensar que su adorado Amo ya había llegado. La sobresaltó el batir de alas de una lechuza que pasó muy cerca de ella, rompiendo la armonía del canto de los grillos.
Poco a poco fue metiéndose en sus pensamientos, en sus recuerdos de sesiones pasadas y tan absorta estaba en sus pensamientos que olvidó dónde se encontraba.
Perdió la noción del tiempo, sumida como estaba escuchando la voz de su adorado Amo en el recuerdo de una no muy lejana sesión.
Su respiración empezó a agitarse y al mismo tiempo casi sin darse cuenta su sexo comenzaba a humedecerse, su pecho subía y bajaba cada vez más rápido y pequeñas gotas de sudor resbalaban por sus senos. Instintivamente comenzó a gemir, al principio apenas eran audibles los gemidos, pero a medida que crecía su excitación, la intensidad de los gemidos también lo hacía.
Toda ella estaba sudando y los haces de luz de la luna que incidían sobre su cuerpo, la dotaban de un brillo especial.
Un leve roce en uno de sus senos la hizo salir de su ensimismamiento. El desconocimiento sobre qué o quién le había rozado, la hizo volver a la realidad y un temor hacia lo desconocido la embargó. Otro ligero roce, pero ahora en el otro seno, la convenció de que ya no se encontraba sola y un pellizco en uno de los pezones le confirmó que quien se encontraba allí era su adorado Amo.
Musitó un suave " Amo…" cuando notó la presión en el pezón. Él le acercó Su mano a los labios, mano que ella besó con dulzura y respeto, mientras la otra mano acariciaba el pelo y bajaba por la espalda de ella para acabar con un sonoro azote, fuerte, intenso, pero a la vez dulce y lleno de ternura.
Sobre la fresca hierba y en un gran pañuelo de seda azul, estaban dispuestos los útiles que su adorado Amo dispuso que fuesen llevados. El se acercó y recogió del pañuelo un par de pinzas, pequeñas, plateadas y con orificios para colgarles peso o pasar un fino cordel y tirar de ellas a la vez hasta soltarlas de los pezones.
Ella seguía en la misma posición, de rodillas y con los brazos extendidos sujetando sobre las palmas de sus manos la cadena que iba enganchada al collar.
De nuevo sintió las manos de su adorado Amo sobre los senos, y notó también la presión que ejercían las pinzas sobre los pezones, cuando con un cálido beso quedaron prendidas a ellos.
Imaginaba a su adorado Amo contemplando la escena, unos metros alejado de ella, y en ese momento algo en su interior se agitó. Miles de mariposas alzaban el vuelo y recorrían su cuerpo.
La luz de la luna iba dando paso a los rayos de sol que se asomaban tímidos y respetuosos, no queriendo romper la magia de ese momento, sintiéndose espectador de un acto sublime. Y ella, sabía que el sol se asomaba tímido, porque aunque siguiese con los ojos vendados, podía sentir el tenue abrazo del sol calentando su piel desnuda…
|