Fragmento 8
Ella abre un libro y lee: “No espere el Juicio Final. Tiene lugar todos los días”. Alice mira por la ventana y observa los movimientos de las personas. Imposible saber su determinación o su destino. Se arrodilla sobre el suelo y siente el calor templado de la madera. Ella también está colocada sobre cemento. Lo de abajo es lo resistente. Lo que impide que la tierra se trague el edificio e incluso a ella misma. Así quisiera estar siempre, de rodillas sobre algo sólido, que no temblara y no amenazara con sumergirla en la zona oscura.
Pero piensa que eso es imposible. Pronto llamarán con urgencia a su habitación y tendrá que levantarse. Ahora mismo desearía poner la mejilla en el suelo, apretarse el sexo con las manos y no sentir nada más. El calor en la carne. El poder del deseo como un pájaro hambriento que nos picotea las manos, aunque en éstas ya no nos queden migas de pan. Las hemos utilizado todas para no perdernos por el camino, pero ahora somos nosotros los que nos sentimos perdidos.
Alice no quiere levantarse. Se está apretando los pezones, y sus manos le duelen al intentar cerrar los dedos demasiado. ¿Dónde puede terminar el dolor para ella? Desde la calle, afuera, le llegan pequeños ruidos, pero todo su cuerpo es vacío, un pequeño globo que le hace llorar porque sabe que dentro sólo siente un hueco donde las voces de los demás rebotan. Ninguna puede fijarse a las paredes de aquella cueva. Tiene que introducirse los dedos en sus sexo y hacerse mucho daño, porque ya no quiere escuchar sólo aquellos pequeños sonidos de la calle. Desea el ruido de la marea, el sonido del mar dentro de su cuerpo.
La tristeza, entonces, es una sábana sucia que la envuelve, que atrapa sus brazos y su voluntad. Nada es ya posible. Quisiera que él estuviera allí, mirándola. Que pudiera en ese momento enfrentarse con él y decirle que se fuera de su vida. Y luego permanecer, así, sobre la madera templada. Mientras su deseo la llena por completo.
Pero todo esto es imposible. El ya no está: casi lo puede ver cuando hizo lo que le contaron. Ella espera que no sintiera mucho dolor. Era más blando de lo que él mismo creía. Y sólo en su decisión estuvo a la altura de sus sueños.
Alice se encoge sobre la madera, y le llega el orgasmo mientras piensa en la muerte de él.
CONSUL2
Siempre teniendo a mis pies a MilCandados{C2}
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