Iniciándote al castigo
Te subí los brazos y ajusté las hebillas de tus esposas, fijando los anclajes para que tus muñecas quedaran juntas. Con ritual parsimonia, relié la cadena en el aro de la pared, hasta que tus brazos quedaron tensos. Cerraste tus manos instintivamente, sin apretarlas, dejando a la vista el rojo oscuro de tus uñas.
Me situé frente a ti, para contemplarte con deleite. Arrodillada ante mí, tu cuerpo desnudo era una invitación a la lujuria. Tras el triángulo de tus piernas abiertas, de tus rodillas separadas, se adivinaban tus pies entrelazados. Rematando el vértice superior, la leve línea de tu vello púbico, cuidadosa y femeninamente recortado.
El vientre delataba tu acelerada respiración. Intentabas controlarla, inspirando profundamente por la nariz y expulsando con lentitud el aire por tu boca entreabierta. Cerrados tus ojos, buscabas concentrarte en respirar rítmicamente, en un costoso intento por recobrar el sosiego. Te ordené que me miraras y obedeciste con cierta arrogancia y altivez, apretando los dientes y clavando tus ojos en los míos, desafiantes y hermosos. Te resultaba imposible ocultar el nerviosismo, patente en tu respiración cada vez más agitada, en tus puños ahora cerrados y en el sudor que empezaba a aparecer en tu frente.
Avancé hacia ti, sin dejar de mirarte, sin permitir que dejaras de mirarme, hasta situarme detrás. Tiré de tus cabellos, obligándote a levantar la cabeza y a seguir mirándome a los ojos. Procurabas no pestañear, tus ojos bien abiertos, brillantes por el miedo que te dejaba un ligero temblor en los labios. Me agaché hasta colocar los míos cercanos a tu oído. Me mantuve unos segundos en silencio, para que sintieras la calidez de mi aliento. Y, apenas en un susurro, te anuncié el castigo inminente por tu arrogancia. Tu primer castigo como esclava... Moonbrands |