Preciosa leyenda me gusta mucho, nunca la había leído, permiteme que en agradecimiento contribuya con otra leyenda india.
EL WOJI
Hubo un tiempo en el que los bosques cubrían el mundo de parte a parte. La poca gente que había no consideraba que la tierra les perteneciera sino que ella era su Madre, su sustento, y que debían estarle agradecidos y respetarla. No viviamos aun en la civilización de las termitas. Los hombres vivían en pequeños grupos nómadas, dispersos entre si. La mayoría del territorio era virgen, libre, y en el habitaban también otras criaturas.
Por ejemplo el woji.....
Este pequeño espiritu travieso amaba los bosques antiguos y su refugio eran las copas de los árboles dónde solia hacer su nido. El problema era que cuando llegaba el invierno el frio, la nieve y el viento se aliaban para despojar los árboles de los bosques de sus hojas. El woji se encontraba entonces tiritando de frio sin poder guarecerse. No le gustaba la gente, era un espiritu solitario -aunque travieso- y amaba la soledad, la serena calma de sus bosques.
Estuvo pensando qué podía hacer hasta que se le ocurrió una idea y ni corto ni perezoso pasó a proponerle su plan, por riguroso turno, a todas las especies de árboles que había por alli. Uno a uno fueron riéndose de él y descartando su proposición hasta que al final -ya casi convencido de que no tenía solución- encontró cierta cooperación en los pinos abetos. Fue a hablar primero con un majestuoso abeto de mas de 200 años, se encaramó a sus ramas y le susurró lo que se le había ocurrido:
- Si me dejas que trence tus hojas, una a una. Ni el viento, ni la nieve, ni la lluvia podran arrojarlas al suelo. Déjame que lo pruebe, te lo suplico!
Y utilizó al decirlo su voz mas persuasiva.
El abeto le respondió algo incrédulo:
- Pero infeliz... tu sabes lo que vas a tardar en hacer eso?, y por otra parte quien te asegura que de ese modo seré inmune a la fuerza desencadenada de los elementos?
El woji dijo:
- Nadie.... pero qué pierdes por probar?
El majestuoso abeto emitió algo parecido a un gruñido aprobatorio y nuestro woji se dispuso a empezar su labor.
Estabamos a principios del verano y había mucha tarea. Fue saltando de rama en rama y trenzando las hojitas de los abetos, una a una. De abeto en abeto fue recorriendo la inmensa foresta.
Cuando el tiempo dió muestras de empezar a cambiar y el otoño ya se olía en el aire, el woji había terminado su trabajo. Corrió entonces hasta el Escondite del Señor de los Vientos y de la Nieve y le desafió. Le dijo que no tenía ya el menor poder sobre él y que hiciera lo que hiciera no le despojaría de su refugio.
El Señor de los Vientos, en un principio, se lo tomó a risa y pensó condescendiente:
- Ya te atraparé infeliz.....
Llegó el otoño y el woji se encaramó en su casa-árbol, en el corazón del bosque, en lo mas alto de un enorme abeto. Y esperó pacientemente.
El viento empezó a soplar poco a poco en torno a él, ascendiendo su candencia gradualmente. El aire se volvia cada vez un poco más gélido. Pronto el suelo del bosque quedó tapizado con una alfombra multicolor, formada por hojas de arces, de encinas, de hayas, de viejos robles. Sin embargo los abetos mantenían valientemente sus hojas trenzadas por el woji en su lugar.
Jehanna
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