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Antiguo 25/09/2006, 19:19   #3
ophelia
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Ubicación: Valencia
Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 12
Predeterminado

Cita:
Iniciado por tTiger
Siempre me cuesta elegir la película porno que voy a ver. En realidad no hay tanta diferencia entre ellas, pero siempre busco algo especial. Luego lo cierto es que tampoco lo suelo encontrar, porque ciertamente son muy parecidas. Pero cuando localizo una película en que durante al menos un instante observo algo más que genitales siento tocar el cielo. Cuando se puede sentir esa pasión entre los amantes, esa complicidad entre miradas y frases, ese placer real y no simulado, es entonces cuando realmente me siento bien viendo una de estas películas. No pasa con frecuencia, porque generalmente no alcanzan esa profundidad, pero de vez en cuando hay relámpagos de inspiración, que quizá duran segundos, pero que son suficientes para disparar mi líbido.

Bajo mis pantalones y mi boxer hasta los tobillos para dejar mi miembro al descubierto mientras trato de localizar una de esas escenas. Me voy acariciando para lograr y mantener la erección mientras veo una sucesión de escenas pornográficas más o menos predecibles. Cumplen su función, sí, pero tampoco emocionan realmente. La emoción es otra cosa. Por fin hay una escena distinta.

Ella sodomiza con ansia y con brío a su compañero. El caballero sumiso, al principio a cuatro patas, se ve obligado a tumbarse sobre el lecho ante el ímpetu de la amazona que lo cabalga. Intercambian frases obscenas. Ella para a descansar un momento, frotando su clítoris con el arnés. Él se queda inmóvil, siendo usado para el disfrute de su reina. Me provoca una tremenda erección. Noto el glande más sensible. Estiro el prepucio todo lo que puedo para dejar al descubierto la mayor parte posible del glande. Necesito lubricación para tocar el glande directamente. Uso una crema de manos. Delicioso. Es tan intensa la sensación que no sé bien distinguir si es dolor o placer. Mientras, la dómina sigue sudando sobre el cuerpo inmóvil del sumiso. Llega un momento en que me parece sentirme dentro de la película, o que al menos no sé distinguir la línea de separación entre mi realidad y la pantalla. Estoy absorbido.

Llega lo mejor de la escena. Ella llega al orgasmo penetrándole. Un orgasmo real en una escena de este tipo es tan poco frecuente como encontrar un tigre albino. Es sublime. No hay nada más hermoso. Tan increíblemente espectacular es la escena que antes que seguir masturbándome me quedo embobado mirándola. Cuando termina rebobino unos minutos. Estoy más excitado que nunca. Casi siento mareo ante la emoción que me abruma. Mi cuerpo parece un horno. Pero creo que mi cerebro está aún más caliente. Avanza la escena de nuevo. Acelero el ritmo de mi masturbación, frotando con dureza mi pene erecto, casi estrujándolo, ayudado por el lubricante. Se acerca el orgasmo de ella. En realidad, ya no puedo ni mirar la pantalla. Sólo oigo la escena. Inconscientemente me he sincronizado con la escena. Empiezo a sentir el bombeo con los gemidos orgiásticos de ella. Mis caderas se mueven violentamente, haciendo que mi sillón de oficina se deslice hacia atrás, hasta tropezar con la mesa. Mis párpados se entornan y noto el semen caliente derramándose por mis piernas y mis manos. Mis gemidos y jadeos se unen a los de la dómina.

Trato de recobrar la respiración. De repente, a pesar del cansancio que me invade, siento una energía dentro, una fuerza del alma guerrera que me invade, y rujo. Pruebo mi semen. No es que me agrade tomarlo. Es curiosidad. Cada día tiene un sabor distinto. En medio del silencio de la noche, y aún disfrutando de la sensación del orgasmo, voy desconectando mi mente mientras me deslizo sobre mi cama para dormir. Dulces sueños.

tTiger
Enhorabuena tTiger. Como todo lo que he leido tuyo es eso "tuyo".
Me gusta.
Espero que nunca pierdas esa frescura y nunca pierdas esa valentia.
Besitos
ophelia{LA}
ophelia está desconectado   Responder Citando