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Antiguo 27/09/2006, 16:25   #2
Carlos Montesinos
 
Rol: Switch
Sexo: Hombre
Fecha de Ingreso: Jun 2006
Mensajes: 2
Predeterminado Sorpresa y Decepción (...continuación)

Sorpresa y Decepción (...continuación)

Entonces comenzó a azotarme en la espalda baja, nalgas y muslos, cada vez más fuerte y de manera pausada, el dolor era horrible, sentía como si me cortaran la piel. Al principio mi orgullo me hacía morderme la lengua para no gritar, pero no duré mucho tiempo; comencé con gemidos ahogados, entonces ella le dijo: “más fuerte!!, quiero oírlo”, ahí recién me di cuenta que ella estaba masturbándose, con las piernas muy abiertas se metía los dedos en la vagina y se retorcía los pezones, normalmente hubiera sido un espectáculo maravilloso pero yo sencillamente no podía disfrutarlo, el dolor era demasiado. De pronto me escuché a mi mismo gritando y pidiéndole que se detenga, que ya no me interesaba continuar, pero él parecía ignorarme y seguía dándome duro.

No se cuánto tiempo pasó, pero solo después que ella había llegado a un gran orgasmo con jadeos y gemidos incluidos, él hizo una pausa y comenzó a desnudarse. Sentí un gran alivio aunque me ardía toda la parte trasera de mi cuerpo. Se unió a ella en la cama y comenzaron a hacerse un 69 de película, luego follaron en la posición del misionero hasta llegar ambos al clímax, a mi me dolía todo pero aún así esperaba ansioso por cuándo me tocara unirme a la fiesta… iluso!! Después de un rato el se levantó y fue al armario de nuevo, esta vez sacó un gran consolador negro con base ancha y una fusta como para equitación, le entregó a ella el consolador y le dijo: “disfrútalo”. Entonces ella le puso algún tipo de lubricante, lo paró en el centro de la cama y se arrodilló sobre el mismo, intentando penetrarse por el ano.

Después de un par de minutos y de algunas muecas de dolor, le dijo a su marido: “no entra, necesito estar más caliente”. Como respuesta recibí un fustazo en las nalgas que me hizo gritar agudamente, era mucho más doloroso que el látigo, luego siguieron otros golpes, siempre en las nalgas. Me enojé, le dije que eso no era lo que tenía en mente y que deseaba que se detenga inmediatamente, lo insulté, lo amenacé con ir a la policía, terminé implorándole que se detenga, pero era implacable, las lagrimas salían abundantemente de mis ojos, mi cuerpo se retorcía y eso provocaba que las esposas me lastimaran muñecas y tobillos a pesar del cuero, me golpeé varias veces las rodillas contra la cama, él simplemente continuaba azotándome.

Mientras tanto, ella ya tenía el enorme consolador bien instalado en su culo, subía y bajaba frenéticamente a tiempo que se retorcía con mucha fuerza los pezones, cómo hubiera querido estar en otra situación para disfrutar de aquello, lanzarme sobre ella y violarla salvajemente, pero estaba atado chillando y retorciéndome de dolor. Nuevamente la tortura acabó cuando ella llegó a un orgasmo con gritos que casi acallaron los míos. Entonces el se le fue encima, la colocó en posición de perra y comenzó a follarla salvajemente por la vagina, sin retirar el consolador de su trasero, al poco rato ambos llegaban al éxtasis y quedaron recostados en la cama.

Unos veinte minutos después el se incorporó e inmediatamente yo me escuché rogándole que ya no me azote, que no podría soportar más. El me sonrió y me dijo que no me preocupe, que ya habían terminado conmigo; la respuesta me alivió pero al mismo tiempo me confundió, entonces le pregunté si haríamos algo más, si podía tener sexo con ella pues estaba muy excitado a pesar de todo. La respuesta, que recuerdo palabra por palabra, me dejó helado: “Ni lo sueñes, jamás tenemos sexo con terceros, pero Andrea se excita mucho escuchando y viendo retorcerse de dolor a alguien, por lo que esta es la forma en que ambos disfrutamos. Desde el principio te aclaramos que las reglas y condiciones las poníamos nosotros”.

Me aflojó las esposas, me pasó mi ropa y me indicó el baño para que me bañe y vista. Yo no salía de mi asombro, no podía creer lo que estaba pasando, había sido salvajemente azotado solamente para gusto de ellos, sin recibir ni el más mínimo placer a cambio; mientras me lavaba la cara tratando de disimular la inflamación de mis ojos, mientras miraba las marcas de mi cuerpo en el espejo, mientras mi pene colgaba flácido y baboso, sentía ganas de salir y emprenderla a golpes con el tipo para luego sodomizarla a ella, o quizás azotarla con la misma fusta que me había hecho gritar tanto para su placer, pero sabía que no podía, además… repasando nuestra conversación desde el principio me di cuenta que él tenía razón, jamás habíamos hablado de sexo, solamente de ser sometido por ellos.

Me costó mucho vestirme por el dolor, especialmente en mi trasero, estaba seguro de que no podría sentarme por lo menos un par de días. Cuando salí del baño él ya estaba vestido, me dijo que había sido un gusto conocerme y que no nos volveríamos a ver, así que debía olvidarme de ellos y no intentar comunicarme a su correo electrónico; ella seguía dormida sobre la cama. Le respondí que no tenía la menor intención de buscarlos nuevamente, a lo que él solamente sonrió y me guió hacia la puerta. Subí las escaleras y salí por la tienda gótica, mirando al suelo pues no quería ni imaginarme la cara de la dependienta: posiblemente había escuchado mis gritos, quizás estaba acostumbrada a ello, qué importaba. Solo sabía que me sentía totalmente estúpido, decepcionado y que caminaba con dificultad.

Carlos
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