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Antiguo 21/12/2005, 16:58   #1
Master Sumun
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Ubicación: Sevilla
Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 258
Predeterminado Relato para una kajira - 1

Solo es una imagen, un instante en el tiempo que puede ser congelado en la mente y rememorado en los momentos de intimidad, acrecentando la belleza de la escena y haciéndola a su vez mas deseada, mas añorada. Ella esta inmovilizada en la silla, sus manos atadas no tiemblan, sus ojos sumisos no me miran, se pierden en un punto indefinido, en el espacio, en ese lugar donde una esclava se refugia en momentos así. Sus piernas están elevadas sobre el respaldo de otra silla y fuertemente atadas. No quiero que ningún movimiento no deseado interrumpa el castigo, la ceremonia que en breve , ambos disfrutaremos como sin duda, nadie mas puede hacer.
Acaricio sus plantas, que se encogen al contacto de mis manos y veo como ella, sin mirarme aun, sonríe y muerde su labio inferior. Esta excitada, hace eso siempre que lo esta. Miro sus pies y contemplo la perfección de sus dedos, el cuidado metódico que le obligo a dar a sus uñas, pintadas de esmalte oscuro, la suavidad aterciopelada de sus plantas, sus talones fuertes , como melocotones maduros a punto de ser mordidos.
Rozo levemente sus plantas con el rebenque y la sonrió. Ella agacha su cabeza, y su melena oculta su rostro. Golpeo con fuerza sobre sus plantas y oigo como suelta un suspiro, no un quejido, ni un pequeño grito, si no una especie de respiración fuerte, que se va acompasando con los golpes, hasta que al final, a cada impacto en sus plantas, ella me devuelve un pequeño gemido, que pone la banda sonora mas erótica que jamás se pudo componer al sublime momento del Bastinado.
Paro, necesito parar para acariciar sus plantas, que intentan protegerse rozándose levemente, pero he atado sus pulgares, no deseo que ninguna sensación se pierda. Deseo que cada momento quede grabado en ella, que sienta cada milímetro de su piel a cada golpe y que conserve esta sensación para siempre. Ella es el preciado pergamino donde compongo mi obra, la tinta es el dolor y la pluma el instrumento que uso. Al final he perdido la cuenta de cuantos azotes he descargado sobre sus pies, pero la oigo respirar agitadamente, leves gotas de sudor perlan su cuerpo y cuando logra recuperar la voz, y sus preciosos ojos me miran, de su boca solo sale una frase, suave y casi inaudible : “Amo, un poco de agua, por favor...”
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