Nuevamente la densa niebla empezó a surgir de la nada ante sus ojos que atónitos miraban sin dar crédito a lo que veía… la niebla estaba tomando forma humana… un hombre aparecía frente a ella, vestido de negro y capa, la miraba con cierta familiaridad, como si conociera detalladamente cada centímetro del esbelto cuerpo de la joven… y como no habría de hacerlo si la había estado observando desde que dio el primer paso sobre el desaparecido camino que la condujo hasta él.
Lucia sudó frío y alcanzó a retroceder apenas un paso cuando sintió como sus piernas eran aprisionadas desde los tobillos por unas gruesas raíces que brotaron del suelo, mientras él misterioso hombre la miraba con un rostro sereno, inmutable; las raíces seguían avanzando en el recorrido de sus torneadas piernas, la suavidad de su piel se vio estremecida por la aspereza de las raíces que se enroscaban como serpientes deteniéndose al llegar a la parte superior de sus muslos.
La indefensa Lucía sentía como el corazón le latía en la boca, su respiración era agitada, estaba visiblemente asustada, su mente empezó a divagar como queriendo huir de aquel lugar dejando a su cuerpo preso entre las ramas y raíces de los árboles, no era la primera vez que lo hacia, ella solía escapar mentalmente de cualquier situación que simplemente le causara miedo o que la pusiera en peligro, lo cual no era nada favorable para esta jovencita por que al irse y dejar a su cuerpo sin ella para reaccionar, solo conseguía empeorar las cosas.
PLAHS un bofetón la trajo de regreso dejando en su rostro la marca rosada de una mano.
El misterioso hombre le dijo: te lo advertí pero me ignoraste.
Ella reconoció esa voz, era la misma voz que horas antes le dijo que se aleje…
Si. Soy yo le dijo como si adivinara los pensamientos de la muchacha que lo miraba sin poder creer lo que sucedía...
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