Como casi todos los cuentos con moraleja, tiene un mensaje agridulce. Es una forma de relativizar las cosas, de ponerlas en su lugar. No importa lo feliz que seas, no importa los mundos que conquistes, no importa la riqueza que poseas, no importa el sufrimiento que parece no tenga fin, no importan las traiciones, no importan los amores, no importa el orgullo, etc etc etc etc, porque todo, con el tiempo, pasará.
Nada es eterno, el tiempo se dedica a borrar en el polvo nuestras pisadas, a desdibujar los retratos de lo que fuimos.
Jehanna
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