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Antiguo 30/12/2006, 03:20   #1
perla_negra
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Ubicación: en la alcarria
Fecha de Ingreso: Dec 2006
Mensajes: 148
Cool Besos Y Azotes.

Ella, yacía tendida en la cama boca arriba. Su Señor –en silencio-, le vendó los ojos con un pañuelo de seda negro, y lentamente, sin brusquedades ató sus muñecas y tobillos a los cuatro puntos de la cama, quedando ella formando una hermosa y tentadora Cruz de San Andrés. Entonces, su Amo comenzó a besar su boca, con besos húmedos, succionando sus labios y su lengua a la vez que acariciaba su clítoris. Súbitamente empezó a morderlos con una presión creciente, hasta que notó que ella no podía más. Entonces, se acercó a su oído y le dijo “vas a probar sensaciones que nunca has vivido hasta ahora”..... Pero comencemos por el principio.
• Su Amo y Señor, visitaba su casa por primera vez. Había tomado el café preparado por ella, tal y como a él le gusta, “Expresso Italiano” con esa deliciosa crema en la parte superior. Mientras él estaba sentado en el sillón, ella estaba arrodillada a sus pies, vestida con una elegante chilaba marroquí con aperturas laterales, apoyando su hermoso trasero sobre sus talones. Hablaban. Ella le contaba sus fantasías mientras él la escuchaba atentamene, mientras acariciaba su pelo.
• Cuando quiso, se puso en pié. Le ordenó que le llevase el collar de perra de cuero negro, junto con la correa que él le había regalado. Le puso el collar, bien ajustado al cuello, enganchó la correa, y le dijo “enséñame tu casa, pero andando a cuatro patas”.
• Al final, llegaron a la habitación que ella había preparado adecuadamente para la sesión. Estaba a oscuras. luminada por las luces de diveras velas estratégicamente ubicadas. Ella aun de rodillas, guió a su Señor hasta la mesa donde etaban dispuestas las heramientas para la doma: la fusta afgana, el látigo de cuero, una zapatilla de cuero, cuerdas de escalada de distinto grosor, y bridas de plástico de distintos tamaños.
• En la pared, ella había incrustado un taco y una escarpia a una altura que se correspondía a su estatura de pie y con los brazos en alto.
• Su Amo la puso de pie. Le dio un largo beo en la boca, y el le permitió que le correspondiese en el beso. Le mandó que se desnudase. Bajo la elegante chilaba, ella llevaba una fina prenda de lencería que dejaba sus pechos al aire, con una apertura para que el accediese a su sexo y su ano. Llevaba medias de seda negra hasta medio muslo.
• Luego, le esposó las muñecas, le puso los brazos en alto, y la fijó a la escarpia de la pared.
• Entonces, él comenzó a interogarla. Por cada error que le inducía a cometer, la azotaba con su fusta. Los pimeros impactos fueron suaves, simétricos, en las caderas, los muslos, el culo, incrementando poco a
poco la intensidad de los golpes. Mientras lo hacía le preguntaba ¿Te duele zorra? Daba igual la respuesta, el seguía “estimulándola”. De pronto, cuando ella estaba dolorida y excitada a la vez, el paró. Comenzó a lamer sus pezones, a mordisquearlos, cada vez más fuerte, hasta que ella gemía de dolor, volviendo entonces a lamerlos y a chuparlo. s
• Ella observó luego, como el se arrodillaba para empezar a lamer su sexo NO depilado del todo, pero si arreglado. Comenzó a chupar sus labios mayores, luego los menores y el clítoris. Ella gemía de gusto, a la vez que el pellizcaba sus pezones. Así alcanzó su primer orgasmo.
• Ella le rogó que la penetrase, y él, considerándolo una insolencia, comenzó a azotar sus pezones con la punta de la fusta; golpe cortos, pero rápidos. Cuando más le dolía, la penetró con un vibrador, mientras seguían los azotes. Así le vino su segundo orgasmo.
• Ella tenía la respiración agitada. Entonces la desató, la sujetó por el pelo y la llevó hasta la cama, donde se comenzó a desarrollar la ecena descrita al principio.
• Comenzó a chuparle de nuevo los pezones, cogió suavemente su clítoris entre el dedo gordo y el índice, y la empezó a masturbar lentamente, ella gemía, le avisaba a su Señor –como el le había ordenado- cuando estaba a punto de correrse. En ese momento de
máxima excitación, ente su gritos de placer, y sin dejar de masturbarla, comenzó a derramar lentamente gotitas de cera derretida sobre sus tetas, y sobre su abdomen. La mezcla de sensaciones, la hizo gritar fuerte, llegando al tercer orgasmo.
• Etaba agotada y excitada a la vez. Tras un breve descanso, durante el que él le limpió la cera de la piel, y la besó en la boca, se agachó y comenzó un lento y largo cunnilingus.
• Ella, atada como estaba, movía sus caderas con una cadencia cada vez más intensa. Entonce, él la penetró. Una penetración rotunda, llegando hasta el fondo de su vagina. El le recordaba que era su puta, su zorra viciosa, mientras ambos follaban acoplados.
• Cuando ella le dijo que estaba a punto de correrse, el salió de su interior bruscamente, cogió un cubito de hielo que estaba en un vaso, se lo introdujo en su coño, y acto seguido la penetró de nuevo y reinició la monta. Ella, al notar la mezcla de sensaciones, exclamó un grito, un alarido de placer. Explotó en otro orgasmo.
• Quedó agotada. Sin poder moverse. El la desató, le quitó el pañuelo de los ojos, y le dijo “Bueno perra, ahora te permito me folles”. Ella le montó, y comenzó a mover sus caderas de la manera más viciosa que
sabía, mientras el chupaba sus tetas y pellizcaba sus pezones, consiguiendo que ambos de coriesen a la vez.
• Cuando acabaron, el le tumbó a su lado, se quitó el condón, y le ordenó: “esclava, acuéstate a mi lado, abrázame con los muslos, y acaríciame con las uñas suavemente.
BESOS Y AZOTES.
TU SEÑOR.
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