Tema: Cruel
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Antiguo 02/01/2007, 00:01   #1
cari_sum
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Ubicación: Junto al mar
Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 55
Predeterminado Cruel

Estoy mirando la puntera de tus botas. Al entrar te he mirado un instante a los ojos, y he sentido miedo. Tu mirada hoy no reflejaba deseo, ni enfado, ni satisfacción, no... Hoy tus ojos me hablan de desdén. Ya conozco esa mirada. Otras veces la he visto en tí y sé que mi cuerpo pagará las consecuencias, que hoy sólo seré un trozo de carne maleable, un animal.
Mis sospechas no tardan en confirmarse. Tu mano pone ante mis ojos un par de pinzas de acero pequeñas, muy pequeñas, pero muy crueles.
Las dejas en la mesita mientras atas una cuerda a la argolla de mi collar. La cuerda baja entre mis pechos, atraviesa los labios vaginales clavándose en mi sexo y sube por mi espalda. Rodeas con ella mis muñecas firmemente, y terminas atándola a mi pelo. La posición es muy forzada, la cabeza hacia atrás, y cualquier movimiento clava esa cuerda áspera en mi intimidad.
Así, arrodillada a tus pies y con el cuerpo tenso, siento tus dedos apresar mis pezones. Aprietas y pellizcas, los haces rodar entre el pulgar y el índice hasta endurecerlos y entonces tomas una pinza de la mesa, te veo apretar con fuerza para separar sus dientes y aguanto la respiración antes de sentir su cruel mordisco. Mi rostro se contrae en una mueca mientras tus manos repiten la misma operación con mi otro pecho, y una vez has colocado las dos pinzas, te recuestas en tu butaca para observar mis reacciones.
Intento permanecer tranquila, serena, pero el dolor que producen esas pinzas es insoportable.
Es un dolor diferente, mezquino y cruel. Son dos diminutas alimañas metálicas que muerden con saña, cortando la respiración, cerrándose con fuerza sobre mi carne sensible, y haciendo que mis manos se retuerzan en su atadura. Cada movimiento clava la cuerda en mi sexo, castigándome el clítoris con su aspereza, provocándome así un ardor que me inflama.
Cierro los ojos intentando alejarme de esas sensaciones, pero son demasiado intensas, y mi mente se llena de explosiones de color rojo, dolor... dolor... dolor...
Siento un roce bajo la barbilla, y al abrir los ojos te veo empuñar la fusta. Te miro suplicando en silencio que no lo hagas, pero la lengüeta de cuero desciende despacio por mis costados acercándose a mis pechos. Los acaricia con suavidad erizándome la piel, pero esa leve excitación provoca que mis pezones se endurezcan y que el mordisco del metal sea más feroz. Intento bajar la cabeza, pero siento que la cuerda va a partirme en dos y vuelvo de nuevo a mi posición.
Tu mirada no ha variado desde que llegaste. El mismo desprecio en tus ojos, y el mismo desasosiego en los míos.
Ahora la lengüeta se acerca peligrosamente a mi pezón, y un susurro nace del fondo de mi garganta suplicando... por favor... no por favor...Pero no sirve de nada, una serie de leves azotes golpean la pinza provocando un estallido de dolor que me atraviesa todo el cuerpo y haciendo que muerda mis labios hasta hacerlos sangrar. Mi cuerpo ya no sabe donde se duele más, la cuerda está rompiendo mi piel con su cruel roce, y siento cómo mis zonas más sensibles se inflaman cada vez más.
Me siento agotada, la posición es tan forzada que mi cuello no puede más, pero tú no tienes prisa. Hoy quieres exprimir al máximo mi aguante. Te gusta llevarme hasta el límite siempre, da igual si es placer o dolor, te gusta empujarme hasta el borde del abismo para probarme, para saber hasta donde es capaz de llegar esta perra por tí. Aunque ya lo sabes, siempre lo has sabido...
Intento bajar la mirada hasta mis pechos sin mover la cabeza, y veo que son más grandes que nunca, que están hinchados hasta el extremo, y que las pequeñas pinzas que me martirizan se clavan hasta casi unir sus dientes. El dolor es tan intenso que no me deja pensar, y por eso no me doy cuenta de que te has levantado hasta que oigo el siseo de tu bragueta al bajar, y tu polla aparece ante mis ojos. Te colocas a escasos milímetros de mi boca ordenándome que la chupe, pero para poder alcanzarla debo estirar el cuello y dejar que la cuerda me rompa casi por la mitad. Pero... ¿ qué importa ya?
Siento mi sexo lacerado y tengo la impresión de que empezará a sangrar en cualquier momento, pero el deseo de satisfacerte es demasiado grande. Así que fuerzo mi cuerpo hasta alcanzarte, y cuando mis labios rozan la punta, un par de fustazos secos arrancan las pinzas de mis pechos. Una explosión de dolor me obliga a gritar con todas mis fuerzas, pero antes de que algún sonido pueda escapar de mi boca, tu polla se ha clavado hasta mi garganta provocándome arcadas. Pero no aflojas, tu mano aprieta mi cabeza contra tu vientre hasta que siento como te vacías en mí gimiendo y empujando más y más.
Después el silencio, tus manos soltando mis ataduras, y mis ojos mirando entre lágrimas los talones de tus botas mientras abandonas la habitación...
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