Ver Mensaje Individual
Antiguo 11/01/2007, 14:23   #5
Sea_Lord
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 2.310
Predeterminado

A seis jornadas desde desastre para unos y la victoria para otros, los correos oficiales volaban frenéticamente entre puestos de control y las intenciones de repartos en aquella ciudad no prometían ninguna fortuna mas que para las alimañas, algunos traidores, sus nuevos futuros huéspedes y pobladores en el futuro que se avecinaba si es que podría haber futuro para tan horrible espacio otrora una ciudad en auge en la cultura, el comercio de las especias, las sedas, los vinos, los aceites, perfumes y las mas bellas mujeres que se podían encontrar en ninguna parte.

Se habían ya contabilizado ciento noventa y dos carretas de esclavos en pubertad, sin ella y los que aparentemente podrían aparentar serlo.

Diez leguas hasta el puerto de avituallamiento y regreso con soldados de refresco, con mandos leales a sus estandartes y promesas ante los mismos dioses del Imperio y sus antepasados y la temible guardia negra con capas, estandartes y hasta su color distintivo en sus tiendas de campaña y crespones, especializada en limpiezas, sediciones, sofocamiento de rebeliones ordenes en tiempo de guerra y ajusticiamiento de traidores.

Aparecieron pestilencias y enfermedades por doquier por la contaminación y los estercoleros en que se convertían todos los lugares con estancamiento de heces, aguas negras y todo tipo de inmundicias sin lluvias que los hiciese correr hacia los pozos, miles de moscas aparecían de todas partes y parecían ser los nuevos habitantes eternas de la ciudad destruida.

Se creó una leva de forzados para limpiar calzadas interiores con agua del mar, acarreadas al hombro en pellejos cosidos atados a la frente y los hombros bajo el látigo de soldados enmascarados que los sacaban en levas de sus escondites.

A los niños de muy corta edad que jamás recordarían sus orígenes se ordenó que fuesen tomados como producto de botín y alejados a las fronteras del Imperio sin revelarse su origen para ser educados como sacerdotes, sirvientes, soldados o hijos de parejas nobles sin descendencia.

Cada halito de vida tenía un precio en la ciudad maldecida cuando llegaron entonces varios carros ocultos con nodrizas en idas y vueltas, con los infantes escondidos que salían de la ciudad.

Algunas madres los ofrecían y trataban de suicidarse para que huyeran de la masacre y otras se agarraban tan a ellos que quedaba malheridas arrastradas sin misericordia hasta quedarse sen la mas profunda de las depresiones sin esperanza.

Las plazas eran centros de los más vergonzosos espectáculos de terror peores que las mismas guerras. Las más bajas de las vilezas y villanías, lo peor de las pasiones, lo más bajo de los instintos animales que ni los animales poseían: todo estaba permitido sin necesidad de licencias ni limites salvo el culto a la autoridad y al orden estabecido.

Los soldados estaba instruidos para no intervenir porque la carroña devoraría a la carroña como decían sus generales: No veneran a nuestros dioses, son carne de galeras, dejémoslos que sus desenfrenos acaben con ellos, quizas algun dia tengamos que hacer lo mismo en sus aldeas para darles una lección.

En una plaza, dos mujeres desnudas peleaban en la arena a arañazos, borrachas y drogadas a la fuerza con estertores de histeria incluso o risas desencajadas ofrecidas de una falsa libertad: las heridas era retiradas y violadas cuyos alaridos habían hecho que el barrio donde corrían semejantes aquelarres estuviese totalmente deshabitado, salvo de tullidos, deformes y lisiados que acudían para hacer uso de las sobras de la locuras de la misma locura.

Los soldados de cuando en cuando procuraban ver si había jóvenes adolescentes con destino inmediato al comercio de esclavos y aprovechando cualquier protesta o amenaza para escarmentar al populacho con juicios sumarísimos de desacato, rebelión o alteración del orden en tiempo de guerra, o lo que era lo mismo ser colgados o empalados por castigo público en las plazas de la ciudad hasta que bajaban los buitres o se encendía una pira que se viese tan lejos como lo pudiesen ver los animales a quienes se dirigía el mensaje y la advertencia.

El imperio debía ser fuerte y tener la máxima mano dura: nada podía quedar a la suerte del destino ni siquiera de los dioses que no fuese los intereses del Imperio, los generales representaban en esos momentos a los unos y a lo otro.

El Gran General había conseguido ser sustituido por un prefecto, un juez y un general de menor rango mientras la ciudad se había convertido en un campo de exterminio donde de poco serviría juicios o defensas.

A las tropas y guardias profesionales y leales se les había prometido dos lunas llenas de descanso, soldada doble y reincorporación a cuarteles en puestos mas pacíficos ante la llegada de otras unidades de orden para ser sustituidos y poder abrazar a sus familias.

Desde hacía una jornada el campamento tenía un sin fin de tiendas de agente y comerciantes de esclavos que acompañados por guardias, seleccionaban mujeres por sus atributos que podían ser albergadas en lupanares y prostíbulos lejos de la ciudad.

Estas eran marcadas con sellos, anilladas y fuertemente señaladas con pequeños aretes para una ley las convertía en objetos ante el derecho de los objetos o animales productivos de propiedad privada sin enmienda a la condición humana.

Carretas con jaulas, carromatos sin techo o cualquier otro elemento de transporte en cualquier montura, en asnos, mulos, caballos o dromedarios o a pie en hileras. Algunos secuaces de aquella conquista habían pedido renunciar a su botín con el fin de escapar de aquel lugar como mercenarios a sueldo de los comerciantes sin poder evitar ser registrados mientras dejaban atrás la ciudad ya asqueados de ella.

Por el camino, algunas cruces altas con alguna mujer u hombre atados boca abajo desnudos como aviso a quien tratase huir a su terrible destino, gentes, carros y partidas en silencio a marchas forzadas pasaban por allí tratando de abandonar dicho escenario lo antes posible.

La ciudad cada vez quedaba mas vacía y los grupos restantes estaban siendo desplazados sin notarlo a lugares mas cerrados en espera de su paga y botín, no había habitantes de tez y cabello pelirrojos salvo las prostitutas de los guerreros que habían quedado en la plaza y los traidores que se habían ofrecido para la reconstrucción de su ciudad fuertemente protegidos por mercenarios que habían sido escondidos antes de los asaltos, armados hasta las uñas.

Algunas fila paraban a la altura del campamento y mientras los comerciantes pagaban los impuestos y precios de su mercancía, algunas quedaban en deposito de los soldados: Una joven huyó y se escondió dentro de una de las grandes tinajas de la intendencia militar: Cerca un grupo de jóvenes soldados de la guardia negra se ejercitaban en el uso de las armas vestidos solamente con un minúsculo taparrabos y el brazalete que los identificaba.

El contador de uno de los comerciantes había dado la voz de alarma, le faltaba una perra pelirroja.

Sea_Lord

Última edición por Sea_Lord; 11/01/2007 a las 14:45
Sea_Lord está desconectado   Responder Citando