Dos calzadas salían de la ciudad asediada. En su inicio unidas cruzaban en forma recta el ancho istmo hasta desparecer por la derecha y dirección a la costa tras sortear un pequeño macizo montañoso y luego sortear la costa durante diez leguas no siempre llanas, acantilados y peligrosos bajos de arena reforzados con rocas y troncos para soportar el peso de carros y bestias con sus cargas y tiro.
Esta calzada de reciente trazado comunicaba la ciudad con el pequeño puerto diseñado como base una vez se preveía el agotamiento de las negociaciones ante las negativas a no acoger naves enemigas, comprar botines y un sospechoso ajusticiamiento del gobernador y administradores del Imperio.
Con una poderosa escuadra marítima que protegía sus muros se sentían seguros pero sus supuestos aliados que les traicionaron habíendo firmado el reparto de los tesoros con los asalatntes, de ahí que la mitad de estos ya estaba en la capital del imperio y su búsqueda era un bulo para contener a los mercenarios de la contienda ignorantes de su desastroso futuro destino.
La gran ciudad era un sin numero de aljibes excavados en la roca que suministraban agua mediante un largo canal y acueducto desde pequeñas presas lejanas que permitian a su paso verdes cercados, estanques y pequeñas cabañas de labradores que mantenian el abasto de vegetales y granja a la ciudad, estos trabajos les eran indignos a los ciudadanos y eran ejecutados por extranjeros a los que no les estaba permitido cruzar las murallas al sonar el cuerno de la segunda vigilia, estos debían dormir fuera de la ciudad hasta el amanecer y solo se les permitía entrar para llevar la mercancía a sus moradores, comprar, pero jamás trabajar o ejercer un oficio dentro de sus muros.
Si un extranjero miraba o hablaba con una joven eran inmediatamente encarcelado y llevado a galeras y mujer e hijas hijas vendidas como sirvientas a la primera nave que recalase en su ensenada.
El emperador le dijo al joven efebo, acompáñame! este no supo entenderle y ordeno que se le pusiese un collar, le engarzó una cadena, y el muchacho se opuso de tal manera que tomando el monarca el látigo lo hizo revolcarse mientras mirándole de manera iracunda el joven inconsciente le siguió asustado, entonces tras la columna lo desnudó totalmente.
El puerto de avituallamiento no era un puerto sino una playa protegida por una pequeña barrera artificial de nueva construcción y una pequeña torre de defensa y vigía. Solo podía estar operativo cuando la bajamar se lo permitiese y los embarcos y desembarcos se hacían en balsas tiradas por barcazas hasta los navios de guerra fondeados a una distancia de seguridad ante la posibilidad de quedar encayados.
Ali había un inmenso campamento ocasional donde los esclavos esperaban sus destinos y cada comerciante los marcabas con una nueva señal y anillas identificativas de su propiedad.
Algunas galeras militares y otros navíos iban lentamente recogiendo a los esclavos con cuidado la mercancía, ya que las casas centrales no querían pérdidas en sus inversiones y habían acudido tras haber visto ejemplares de la belleza de las jóvenes por lo que los precios habían sido pactados desde hacían muchas lunas llenas.
Con cierto esplendor se movía un agente armado muy moreno pero sin uniforme militar del Imperio, tratante de una conocida casa cuya comerciante se había hecho muy poderosa no solo por la calidad de su mercancía sino en la forma que es aseguraba la educación para su futuro.
Si una esclava valía cien piezas de plata, sus mas refinadas joyas podía alcanzar suma de hasta de doscientos y trescientas piezas sin necesidad de subastarlas.
Comía con emperadores y reyes, potentados, comerciantes y era de tal carencia de escrúpulos que en su ambición sin límites podía provocar derrocamientos, guerras y fortunas pasase de unas manos a otras y mantenía tal perfecta organización con consejeros y escribas bajo soborno y donativos a los templos que no solo era temida sino respetada y hasta en algunos casos venerada como musa de la cultura y las tradiciones.
Contaba con una fuerte guardia personal, armas, propiedades en todo el imperio, decenas de espías, tratantes y profesores para conseguir que su mercancía fuese la más cotizada para cualquier locura o exigencia.
En uno de sus corredores una joven pelirroja desnuda estaba atada a una enorme noria que hacían descender lentamente con el pelo fuertemente atado hasta que a la adolescente casi boca abajo una esclava negra tan joven como ella con una larga vara y una serpeinete en su punta se la acercaba a su vello púbico apretándola y la esclava atada se desencajaba a gritos y agitaba su cuerpo en arcadas presa del llanto, la humillación y el terro.
Entonces se decidia si sus alaridos serian excitantes y tenía porvenir como esclava a entrenar de esa casa.
A veces ordenaba que se hiciese con una antorcha y si el movimiento de la chica la convencía, ponía a otra de las restantes que se delatase mojándose por sus muslos. Algunas caían desmayadas ye era despertadas con cubos de agua fría hasta que esa otra ocupaba otra de las norias, a veces las esclavas negras reian como drogadas y entonaban cantos marcados con sonidos de tambores y movimientos voluptuosos.
En otro del mundo se tomaba la decisión de si incendiar la ciudad de noche haciendo salir a la guardia de forma secreta.
Ya solo quedaban huestes de la guardia negra apostados en las afuera , los soldados se habían retirado y cubrían una posible retaguardia. Solo se esperaban órdenes del cuartel general. Ya habían papiros sellados con el sellos del emperador, la suerte se habia tomado.. Sea_Lord
Última edición por Sea_Lord; 14/01/2007 a las 02:09 |