Restos de días compartidos
y al final, el malhumor,
una almohada-boca usted.
Los monstruos de los armarios
han vuelto al acecho;
son más desde que cuento ovejas
y otras especies que, en realidad,
no ayudan a conciliar el sueño.
Sin embargo, sigo recalcando
que la cosa no está tan jodida.
Ahora sé más de infinitos
(siempre con usted infinitado, por supuesto);
y también de reincidencias
(con eso que me he hecho viciosa
a lo de frotarme las sábanas y otras cositas).
Poco es lo que ha cambiado.
O , tal vez, podría decir que mucho
si contamos el ya no morderme las uñas,
haber perdido uno que otro quilo,
sumando también
cierta indecencia a la hora de bailar
y un vocabulario que, en tiempos de Galileo,
me hubiese mandado a la hoguera.
Por lo demás...¡todo de putas madres!
(o , en otras palabras.., ¡morbosamente intenso!).
|