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Antiguo 17/01/2007, 14:49   #11
pleonp
 
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Predeterminado

La escuela.-3

Cuando han pasado una semana dentro del saco, vuelven a intentar dormir bajo las mantas y en la primera noche se destapan, comienza de nuevo el castigo. Después de un par de ciclos, acaban aceptando la ayuda.

El curso dura una semana y ocupa parte de las clases de la tarde. Las alumnas, desnudas, se tumbaban sobre camillas estrechas y se las envolvía en un gran plástico transparente y en una manta sauna como las que normalmente se usan en el salón de belleza. Permanecían encerradas desde el cuello a los pies, sin poder moverse, calentadas por las resistencias eléctricas de la manta a 70 grados durante dos horas. Una vez comenzada la sesión, sudaban copiosamente envueltas en el plástico, resistiendo el calor como podían sin posibilidad de salir. Como compensación quedaban exentas de castigos por destaparse. Aprovechar para dormir sin las mantas, como bien sabían las educadoras, era un error. Al final de la semana les resultaba imposible resistir una sola noche. Podían interrumpir el curso a costa de volver a dormir en el saco de montaña y repetirlo una segunda vez. Algunas acababan consiguiéndolo a base de esforzarse para que el último pensamiento antes de dormir sea obedecer para no ser castigada. La repetición de este mantra, noche tras noche, calaba profundamente en el subconsciente de las alumnas hasta asociar esfuerzo con el alivio por no ser castigada y la ducha templada de la mañana. Desde ese momento era casi imposible que rompiesen una regla o rechazasen una orden. Inconscientemente, el miedo a volver al asfixiante calor del castigo las impulsaba a obedecer antes incluso de plantearse la posibilidad de cuestionar la orden.

Las alumnas recalcitrantes alternaban las mantas con el saco pero, conforme pasaba el tiempo, el castigo se volvía más duro obligándolas a vestir con el mono de esquí toda la tarde antes de entrar en el saco y, más adelante, todo el día. Las pocas que no habían pasado por el curso se apuntaban para verse libres del suplicio. Otras lo repetían por segunda vez, en este caso permaneciendo hasta tres horas envueltas en las mantas eléctricas. Solo las más rebeldes y reticentes pasaban por el segundo curso aprovechando la eximente de castigo, sin intentar realmente dormir bajo las mantas. Con estas no había contemplaciones, por el día vestidas como si salieran a la nieve, casi siempre sentadas en los pupitres junto al radiador, y por la noche confinadas como si durmiesen en lo alto de una montaña. Preferían acudir todas las tardes a sudar sobre las camillas un rato antes que asfixiarse todo el día. Pedagógicamente, este comportamiento era muy negativo y para erradicarlo tenían una última semana de plazo. Una vez agotada no podían volver a los cursos voluntarios y pasaban a un nuevo curso obligatorio.

Más que curso era un castigo en toda regla. Sustituían el saco nocturno por las mantas eléctricas. Las llevaban a dormir a la sala de las camillas, donde las envolvían en plástico transparente, en las mantas sauna y colocaban encima otro par de lana. Estaban controladas toda la noche por dos mujeres que las despertaban para beber agua cada hora y vigilaban la temperatura. Había dos niveles, el bajo a 45 grados y el alto a 65 grados centígrados. El lunes alternaban dos horas a baja potencia con otra a alta, durante las diez horas que dormían en la sala y el martes una hora alterna a cada temperatura. El miércoles comenzaban dos horas a 65 grados, descansaban una hora, subían otra hora, bajaban dos más a 45, volvían a subir una y descansar otra, y terminaban con dos horas más a máxima temperatura. El jueves empezaban con tres horas a tope, una de descanso, dos a tope, otra de descanso y las tres últimas con calor a plena potencia. El viernes empezaban y acababan con cuatro horas a alta temperatura, separadas por dos de descanso. El sábado empezaban con cuatro, una de descanso y las cinco últimas horas a 65 grados. El domingo era el día de la prueba, volvían a sus habitaciones para dormir bajo las mantas de lana y encima de un calienta-camas eléctrico añadido para reforzar el efecto pedagógico. No resistir tapada toda la noche, supone repetir la semana, tantas veces como fuese necesario.

Todas sucumbían a la terapia y asimilaban el condicionamiento perseguido por la escuela, miedo instintivo a desobedecer o romper cualquier regla. Los padres de las díscolas muchachas quedaban encantados tras casi un año de férrea y calurosa disciplina.

---------- fin ----------
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