La gran ciudad asediada había visto entre trescientos a cuatrocientos solsticios. Eso sería el equivalente a ocho generaciones con crónicas de un pequeño pueblo de pescadores asentados de muy primitivas y rudimentarias formas de vida antes del desembarco de los pelirrojos.
Desde el muro norte se divisaba el paso de las embarcaciones, y aun en un medio geográfico hostil y de secano un visionario de regresó a su país y pensó en el lugar y decidió exponerlo en el consejo de nobles del Consejo de su ciudad: un lugar a punto de ser destruido por erupciones crecientes que ya hacían insostenibles, la causa de la diáspora por la que se creó La Ciudad de las Siete Murallas en diferentes oleadas de navegación durante el mismo año en que su isla desapareció bajo las aguas por los cataclismos predichos por sus sabios .
No eran gente de rojizos intensos si no de piel tan pálida y cabello cobrizo que les daban un aspecto diferente al resto de los humanos y mantenían sus rituales y costumbres, mitologías y dioses de sus ancestros: Un pueblo culto, conocedor de constelaciones, comercio y creadores de antiguas cartografías de costas y mundos conocidos como desconocidos.
Una ciudad dividida por barrios amurallados y sistemas de castas con
barrios de hacendados y poderosos, barrios de sacerdotes y escribas con una inmensa universidad y biblioteca, barrio de artesanos y profesiones diversas, barrios de comerciantes con inmensos almacenes e inmensos tesoros, barrios de marinos y constructores de naves con un pequeño astillero y sirvientes que no podían ser elegidos entre los pobladores de la ciudad.
La ganadería y agricultura en extramuros que como en los cuarteles se realizaba por la casta de los extranjeros y los mestizos con sus capataces elegidos cuidadosamente.
Sus murallas fuertemente armadas y protegidas por enormes hombres traídos y elegidos para ocupar posiciones de cierto poder siempre que no estuviesen dentro de la ciudad o no mantuviesen relaciones con ninguna de los suyos.
Diferentes carromatos cargados con vino en odres y ánforas habían llegado a la ciudad. Y se había convocado a todos para celebrar la victoria y el pago de soldadas como distribución de los botines. A la hora de la salida de la luna, en una enorme plaza central situada en la parte mas alta de la rocosa península, con antorchas iluminándolo todo se congregó la multitud enfervorizada deseando marcharse de aquel sitio cuanto antes.
A una señal lejana, las puertas del exterior se cerraron rápidamente con incluso algunos guardias dentro y de una manera rápida e inesperada el fuego empezó a devorar todas las casas que sustentaban la muralla que separaba la plaza o patio del resto de la ciudad.
Enormes columnas de humo tóxico de azufre y betun se extendían por doquier como una nube maligna y los hombres son podían respirar ni huir cuando las columnas de fuego empezaron a elevarse y empezó a caer del cielo inmensas bolsas de betún inflamado, saetas disparadas desde la segunda y la tercera columna, sacos de grava y cuarzo que caían en nube disparado desde catapultas.
La carnicería no tenía nombre, lo que no devoraba las saetas lo devoraba el fuego y los gritos al unisono bramaban como un ataque de locura colectiva. Cuando el fuego comenzó a subir como una impresionante pira todo se aceleraba debido a los almacenes de combustible y que habían sido colocados en lugares estratégicos para la inflamación y aniquilamiento del lugar.
Patrullas de la guardia negra a pie y a caballo con antorchas en la mano se movían incesantemente escrutando cada recodo del exterior: La orden tajante: era que no debían queda ni testigos ni piedra ni habitante en aquella ciudad, borrándose hasta el nombre de los libros de historia.
La guardia negra con juramentos de lealtad hasta el punto que su familia pertenecía al Imperio y en caso de rebelión podían ser masacrados, desterradas o fuesen niños o ancianos hasta la tercera línea sucesoria o hereditaria gobernaban la situación.
Eran un cuerpo implacable, adoctrinado y educado con fuertes penalidades y severidad desde su infancia, el cuerpo mejor retribuido y la cuna de los grandes generales. Sus insignias formaban parte de los estandartes del imperio y eran la elite militar por excelencia.
A miles de leguas la dama de los burdeles, la gran comerciante de esclavas guardaba en sus almacenes las mas bellas esclavas no solo conseguidas en guerras sino a precio en familias pobres o inclusos secuestrdas a la fuerza, secreto conocido por muy pocos. En su sede comercial, un templo, separaba a sus esclavas según el destino de su intuición.
Algunas eran educadas en letras, música, danza, artes del amor y elegancia como refinamiento. Se buscaban púberes que llegaban a sus destinos vírgenes sin gran memoria de su captura y cuidadas finamente. Algunas de estas mujeres llegaron a ser amantes de reyes y se buscaba un buen recuerdo de su formación y periodo de instrucción.
Sus esclavas, unas eran sus joyas y otras eran sus perras porque “la loba” tenía un instinto muy aguzado de lo que podría esperar de cada una y su precio hasta meses antes de ser vendidas.
En un lugar semi desértico a dos horas a pie de su casa central tenía un lugar llamado el segundo templo. Allí llegaba de vez en cuando algun carro secretamente y había una guardia difícil de localizar y dirigida para mantener la seguridad del sitio. En el interior lujosos aposentos, cuadras y en la parte inferior celdas.
El tuerto había sido salvado del ajusticiamiento unas horas antes de su ejecución a instancias de la loba con otro reo en su lugar y se había ajusticiado a otro hombre.
Las influencias, sobornos y chantajes la hacían poderosa donde se moviese. El tuerto estaba bajo la acusación de haber violado a una familia completa cuando el hombre de la casa había realizado un viaje de negocios y tras haber confesado no haber sido su primera vez estaba sujeto a la pena de muerte por un tribunal imperial.
La loba escuchó con todo lujo de detalles el escenario descubierto por uno de los guardias y noto que sentía presa de una fuerte excitación. Días después de haber escuchado la tragedia decidió acercarse a las cárceles para conocer los porques de su intuición y de quien o que se trataba el retrato de aquel desperdicio humano.
Un hombre no superior a los treinta años de fuerte complexión y un ojo claro de color claro. Aun desmarañado que parecía aun haber sido un joven apuesto y se decía que era un hombre carente de sentimientos. Un hombre incapaz de distinguir el bien del mal con fuertes brotes de locura en los equinoccios; unos de los argumentos aludidos por el culto la locura en los pueblos de la antigüedad para ser sustituido.
El hombre estaba casi castrado por magulladuras debido a un cruel juego de niños y solo sentía placer dañando o creando situaciones fuera de todo sentido común.
La loba lo mantenía encerrado ya que oficialmente estaba ajusticiado. Se le adiestraba para trabajar en como conseguir que las mujeres y hombres jóvenes, esclavos seleccionados provocasen fuertes excitaciones y provocasen fantasías.
Cuando no lo conseguía se le castigaba duramente. En cada selección se le asignaban algunas esclavas sumisas y se le ordenaba lo que se quería de ellas. Entonces entraba en juego su mente peligrosa: cuando lo conseguía sin dañarla se le entregaba una joven para sus juegos y cuando no lo conseguía se le azotaba sin piedad o permanecía encadenado días y noches sin comer.
La loba asistía muchas veces tras una rendija a sus actos presa de una extraña e intensa excitación y veía en el algo divino, las chicas que manejaba se convertían en productos de precios impensables. Solo podían hacerse con esa mercancía los poderosos tanto mujeres como hombres.
Ella a veces se bañaba desnuda y se excitaba pensando en aquel pobre loco. Cosas de la luna se dijo, me estoy haciendo vieja. Sea_Lord
Última edición por Sea_Lord; 21/01/2007 a las 23:01 |