Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Madrid Fecha de Ingreso: Oct 2006
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| II. EL DESCUBRIMIENTO
Siempre he creído que nací sumisa como nací mujer. Que forma parte de mi existencia como esa característica mía de ser completa y absolutamente despistada. [Crónico…]
Aunque esta revelación no la supe siempre…
Con el tiempo llego a interpretar que, en realidad, todos los seres humanos tenemos, por naturaleza, una tendencia más destacada en nosotros mismos que otra: todo ser tiende a ser dominante o sumiso en carácter, en las facetas de su vida cotidiana, en sus relaciones sociales y personales… etc. Del mismo modo que todo dominante tiene su parte sumisa (sin la que sería incapaz de comprender a su antagonista) y todo sumiso, su parte dominante. Como todo hombre tiene su “parte femenina” y viceversa. Es un extraño juego de la psicología que, rompiendo el equilibrio entre las tendencias de un mismo ser, crea el equilibrio perdido en sí mismo en otro ser que complemente la necesidad de la otra naturaleza coexistente. La carencia sumisa que existe en un ser en la que su parte dominante es mucho más fuerte, la suple, para complementarse, quien tiene una carencia dominante por ser mucho más fuerte su tendencia sumisa.
Eso ocurre en la vida, en las relaciones humanas: en un grupo de amigos destaca, por lo general, uno, el “líder”, el “organizador”, el jefe de la pandilla que ejerce cierta… autoridad, sobre los demás miembros del grupo, aceptado así.
Me reafirmo cuando digo que lo que digo no son más que conjeturas u opiniones, que pueden ser sabrosamente discutibles con otras muchas. Se amplían horizontes cuando se aprende de otros puntos de vista distintos. Y eso se consigue “discutiendo sabrosamente”.
Luego, si me baso en mi propia teoría, un grupo de personas hemos ido más allá en nuestra necesidad de complementar la carencia de nosotros mismos. Descubrimos un mundo distinto, una vida alternativa de ceder y coger, de entrega, de sumisión, de dolor, de órdenes, de castigos, de libertad condicionada por unas cadenas que nosotr@s l@s sumis@s nos ponemos. Tan lleno de simbolismo como emociones intensas, quizás incomprensible para muchos, pero lleno de significado para otros.
En mi caso, cuando yo descubrí la sumisión en este sentido de la palabra, era demasiado joven. Muy joven para comprenderlo. Al principio me asusté. No por lo que descubría, sino porque lo que descubría iba despertando una parte de mí que siempre había estado ahí, y no lo comprendía. Era muy joven. Demasiado. Pero no por ello menos sumisa, porque no descubrí un entretenimiento, descubrí una parte de mi propio ser.
Y fue cuando supe que la magia existía, pero que traía consigo espinas. Que el camino que iba a emprender en mi aprendizaje iba a ser difícil. Y que el camino que emprendería cuando encontrara aquel susurro que dijera “ven…” que me instara a seguirle iba a ser lleno de espinas. Pero no tiene ningún valor aquello que se consigue sin esfuerzo, sin una lucha constante, sin un seguir al acecho porque algo más fuerte insta a seguir andando, más allá de las espinas, más allá del dolor, más allá de lo difícil que resulta seguir andando…
Pero yo pienso que ser sumis@ no es un hobbie, ni algo que se escoge por gusto. Es algo que despierta, que nace, que crece, que aprende a andar y camina por sí solo, sin poderlo evitar. Que busca realizarse por su propio ser. Que busca realizarse en su completa sumisión. |