Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Madrid Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 29
| III. PASO A PASO: D/S
Una vez descubierta la verdadera naturaleza de una misma, descubrimos ese nuevo mundo: el D/s, canalizando esa parte que busca realizarse de un modo “distinto”, “diferente”, oscuro quizás, pero hermoso al fin y al cabo.
Yo quisiera hacer una distinción, al menos para mí misma. Soy sumisa… no masoquista. Vivo la sumisión en un sentido emocional más que práctico. (Aunque la práctica no deja de ser necesaria para que la sumisión sea tal y no una dependencia psíquica). Pero no pretendo hacer una reflexión Sadomasoquista, porque no aprecio el mundo del SM, no criticaría jamás sus prácticas, porque hay quien lo practica disfrutándolo, saboreando sus emociones, porque lo vive, porque le gusta, porque lo siente de ese modo. Pero yo no disfruto del dolor, no disfruto de mi propio sufrimiento físico, a pesar que conozco partes de esta práctica y encuentro una gran carga psicológica que no hace menos intensas sus vivencias. De hecho, no me siento con derecho de criticar ni emitir ningún tipo de juicio acerca de las variantes del BDSM que cada uno quiera aplicar, únicamente criticaría quien lo practicara de forma insana, siempre debemos recordar esa sabia frase que tenemos grabada en nuestra mente de “Hazlo Sano, hazlo Seguro, hazlo Consensuado.” Siempre que se trate de algo de dos o más personas que lo disfruten a su modo y no perjudiquen a nadie ¿quién tiene el derecho de criticarlo? Pero quería dejar esta distinción para conmigo misma porque no es un tratado de Sado lo que pretendo en mi escrito, sino una manifestación de las emociones que se manifiestan en una relación de sumisión, de entrega, del dominio que ejerce (mental y psíquico) el Dominante sobre el sumiso.
Me reafirmo cuando digo que era excesivamente joven cuando descubrí el mundo del BDSM. Vagando por la red un día cualquiera, a mis tiernos 13 años, como por casualidad descubres “algo”. ¿Y esto? Al principio me parecía inconcebible.
En algún momento u otro Am@s y sumis@s nos hemos encontrado en ese instante de abrir los ojos como platos y ver que hay algo que cierta gente vive, practica, de una forma que todo el aprendizaje social y moral no alcanzó para hacernos partícipes de ello. Hay que descubrirlo más allá de esas normas de sociedad. Fustas, látigos, traseros rojos como mejillas arreboladas… Yo cerré al instante el ordenador cuando en el chat me iniciaban conversaciones que nada tenía que ver con mi realidad conocida. Huyendo deprisa como si hubiera abierto una puerta prohibida.
Pero algo despierta… y ya no puede volver a dormirse. Una vez abierta la puerta es difícil cerrarla para siempre. Es un susto muy grande para alguien de tan corta edad, puede que le haya pasado a alguien más y estará de acuerdo conmigo. Pero… después del susto nace la curiosidad. Esa carta burlona que nos pica en el momento de ver que no está todo visto, que hay algo más… ¿Qué habrá? ¿Qué significará todo esto? ¿Por qué quiero saber más? Curiosidad y sed… mucha sed. Sed de averiguar qué se esconde detrás de esa puerta entreabierta…
El camino que lleva de la curiosidad a algo más o menos con sentido, que yo creo tener ahora, después de unos 6 años desde ese primer momento, es largo. No pretendo, ni mucho menos, hacerme creer ni a mí ni a nadie, que pienso saberlo todo. Me produciría una tristeza profunda creerlo, puesto que ya no tendría más por descubrir, ya no sentiría esa emoción juguetona que me insta a ver más, a buscar algo más allá. Sería, también una insensatez, pues lo bonito de todo esto es que nunca se deja de aprender, de darle más y más forma a este sentimiento, a esa necesidad creciente de entrega…o a esa necesidad de cierto “poder” que imagino, pueda tener el dominante. Nunca me he sentido dominante, y la verdad, nunca hablé con un dominante acerca de lo que siente, acerca de cuál es su necesidad… pero puede ser un bonito tema de debate.
Y ese camino para por una gran confusión… confusión de ideas, de puntos de vista distintos, de prácticas que repelen, otras que emocionan, muchas excitantes, otras no tanto… Cuando no se sabe nada, uno debe empaparse de todo. De lo que dicen, de lo que se lee, de lo que se ve… En muchas fotografías se puede ver más que en mil palabras.
Pero paso a paso se aprende a discernir sobre lo interesante para uno y lo que no lo es tanto. Evidentemente con tantas variantes, tantas formas y modos, uno no acepta como propias todas las teorías. Pero hay que conocer, escuchar, avanzar. Primero, quizás, un juego. Algunos se quedan ahí, otros quieren ir más allá. Algunos se pasan, otros no llegan. Hay quien se queda con ciertas prácticas de bondage, de spank, para sus juegos sexuales. Hay quien practica sesiones esporádicas para así romper la monotonía del día a día. Hay quien se queda únicamente con una humillación verbal excitante con su pareja… es como ir a un restaurante self-service; a mí me encantan, porque uno puede levantarse tantas veces como quiera a llenar su plato. Hay quien llena sólo un poco porque no tiene hambre. Hay quien coge sólo de carne porque el pescado no le gusta. Hay de todo: fruta, verdura, pasta, arroz… ¡sírvanse, Señores, que el menú es a gusto del consumidor!
Y paso a paso, poco a poco, tema a tema, se va creando en la mente una propia filosofía, un propio sentimiento, único y exclusivo para cada corazón. El caminante hace el camino al andar… leyendo, escuchando, practicando, hablando, coleccionando ideas en nuestro pensamiento, sin terminar nunca de almacenarlas. No siempre es la experiencia vital lo que marca un sentimiento, imagino. Sólo puedo hablar de lo que conozco, y yo aprendí a conocer a partir de crearme una experiencia mental, sentimientos inventados que quisiera algún día sentir a propia piel.
Y, aunque parezca mentira, fue en el colegio donde aprendí el significado que adquirió para mí la sumisión. Siempre me apasionó mi clase de filosofía en el instituto, aunque los coetáneos de Descartes nunca fueron mi fuerte. Solía tener una gran capacidad para evadirme del mundo e instalarme en uno mío propio, sin atender a lo que sucedía a mi alrededor. En algunas de esas clases, a pesar de la devoción que mostraba a mi profesor, lo solía hacer. Pero como regresando a la realidad escuché de fondo, a lo lejos una frase, que marcaría mi propio sentido del D/s hasta, de momento, hoy: “El hombre es un ser radicalmente libre, incluso cuando pierde su voluntad, lo hace por voluntad propia”.
Abrí los ojos, como aquel primer día que, vagando por el chat, me decían cosas que nunca había creído capaz que nadie me pudiera decir. Cuando veía imágenes inconcebibles a mis ojos. ¡Claro! ¡Esa es la clave! “libertad”, “perder”, “voluntad”… Entrega. |