La mirada Interesante escena, casi de “La casa del ángel”, de Torre Nilsson, por citar una morbosa y bella película de la mejor cinematografía argentina.
Ese joven pálido y rubio que parece que corre hacia la protagonista y, luego, desaparece, tiene algo del deseo que, fugaz, huye de nosotros. Quizá como una ráfaga del anuncio simbólico de lo que son las pasiones. Me ha gustado mucho la escena que narras, Rita, tan lejana del exhibicionista que espera que le miren y permanece quieto. Quizá ese joven ni siquiera se exhibía para ti: se exhibía para el tiempo que pasa, para la crueldad infinita de los espejos, para su propia pasión inútil.
Qué interesante hubiera podido ser el espectador de aquel encuentro y de la desolación de la Quimera que quedaría, después, en las caras de los protagonistas.
Durante algunas escenas sexuales de mi vida, sé que he pensado, a veces, que no me hubiera gustado tanto ver la mirada de deseo hacia mí, sino poder haber sido el Espectador entonces, para haber observado, en la distancia de los cristales, aquella mirada y el deseo en sí. Terrible en su belleza ya imposible.
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