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Antiguo 01/09/2007, 23:18   #1
Jehanna
 
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Predeterminado Cuentos Perversos

He decidido reagrupar y mejorar una serie de cuentos para adultos que tenía por ahí diseminados, bajo el título conjunto de CUENTOS PERVERSOS.

Ahí van, para los que gusteis de ellos:

CUENTOS PERVERSOS
I
BLANCANIEVES

Blancanieves El Reino era un lugar feliz dentro de lo que cabe, las gentes vivían en armonía bajo la amable férula de una vieja monarquía en la que confiaban, y la prosperidad de su economía y la paz establecida desde largas décadas, hacía que solo las rencillas habituales de la convivencia añadieran su pizca de pimienta a la vida cotidiana. El Rey viudo desde hacia mucho tiempo solo tenía una hija, heredera de la corona, la Princesa Blancanieves, querida por todos, una hermosa joven apenas salida de la tierna niñez, de largos cabellos oscuros como la noche que cae del mismo cielo de Dios, piel blanca como la nieve y labios rojos como una rosa tierna de pasión.

Sin embargo la Oscuridad se cernió sobre el País precisamente cuando en la Princesa floreció la Roja Flor de la Vida por primera vez. Al cumplir los doce años, la vieja Maldición se cernió sobre el Reino y la flor y nata de los mozos del lugar, los herederos de las mejores familias, pero también los sanos y bellos hijos de la plebe y el pueblo llano empezaron a desaparecer misteriosamente.....

Las noticias corrieron deprisa, cruzando los corredores de Palacio, atravesando los muros de la Fortaleza, recorriendo las calles de la capital y los montes y colinas más lejanas, para llegar al último rincón del País Desolado. Un rumor crecía sin contención posible, la desaparición de los jóvenes iba unida inexplicablemente a la desaparición de la vida pública de la Princesa en las horas del día, y los viejos empezaron a hablar de la Maldición de esa familia real, de antigua nobleza y de sangre pura, una maldición que parecía cernirse solo en determinados de sus miembros femeninos y solo cuando en ellas florecía la feminidad.... El País amaba a sus gobernantes y le era leal como un solo hombre pero empezaron a hablar de la necesidad de poner una solución y las voces que hablaban de justicia fueron saliendo poco a poco del anonimato, hasta que por fin eligieron a un líder, un adalid que hablara en nombre de todos ellos y que averiguara en Palacio qué ocurría realmente y viera cara a cara a la joven Princesa.

Escogieron a un joven noble, de reconocidas cualidades y notable apostura, con una calculada estrategia digna de encomio, el nombre de este era Raistlin y era de nobilísima familia pero algo así como la oveja negra de su casa. Su padre y gran parte de sus familiares había reñido con el por su carácter insolente y extraño, por su afición a las artes mágicas, por su irreverencia con las normas establecidas. El joven Raistlin era Nigromante, un Mago de reconocido prestigio fuera de los muros de su conservadora ciudad que nunca había considerado la Magia como algo deseable para un joven de noble cuna. Consiguieron convencerle de que viera a la Princesa, para lo cual habían pedido audiencia especial, aunque en el fondo a este no le movía el interés de la ciudad y del País, sino la curiosidad de ver de cerca a una muchachita de cuya belleza todos hablaban pero que apenas nadie había visto de cerca.

Fue concedida la entrevista con la Princesa al anochecer del DIA siguiente, el viejo Rey llevaba largo tiempo enfermo, muchos decían que sus días estaban contados y temían lo que pudiera ocurrir a continuación. Custodiado por abaceros robustos llegó hasta las enormes puertas de roble que conducían a las estancias privadas de Blancanieves, éstas se abrieron y en la penumbra de la habitación se le invitó a pasar, mientras sus escoltas desaparecieron sigilosamente de allí. La princesa estaba recostada en la oscuridad de su lecho de sábanas rojas de raso, rodeada de cojines de un blanco resplandeciente,en la habitación relucían objetos sorprendentes para el cuarto de una joven Princesa, Raistlin observó en un rincón uno látigo reposando sobre una mesita de nácar y ébano, unas altas botas de tafilete verde y tacones puntiagudos, pañuelos negros y blancos de seda, cuerdas en perchas colgantes, extraños instrumentos de madera, unas fustas como si la Princesa fuera a montar a caballo en cualquier momento de la noche, y al final de todo una puerta entornada, medio oculta por una cortina de terciopelo rojo oscuro y unas escaleras que bajaban.

Miró a Blancanieves que le observaba y constató que era bellísima, joven, muy joven eso si, pero muy por encima de lo habitual en una muchacha, se vislumbraba en ella una seguridad que no era normal. Parecía rodearla un aura oscura, brillante, pero peligrosa. La Princesa llevaba una túnica negra de mangas estrechas y muy escotadas, de forma que sus pechos incipientes casi asomaban por las aberturas, calzaba altas botas de afiladísimos tacones y sus largos cabellos oscuros sueltos por sus hombros desnudos. De su cintura pendía una cadena con una serie de artilugios que parecían mas para domar a un potro que para adorno de una joven de su alcurnia. Raistlin estaba totalmente desconcertado, ya que la Princesa no se adaptaba a la imagen que se había formado de ella. Se sentía por otra parte muy atraído por lo que veía, ella le ordenó imperiosamente que se acercara y una vez allí, junto a su lecho le dijo que se arrodillara en el suelo y cuando el lo hizo, ella levanto su pierna y apoyó su suave pie en el cuello de el, presionando hacia abajo. Al hacerlo, la túnica se deslizo hacia atrás y mostró la mas hermosa pierna femenina que el hubiera visto. Se sentía terriblemente excitado, y mas por la actitud de ella, tan poco dócil y al mismo tiempo tan salvaje y tan femenina. Ella soltó una carcajada y le dijo: Mi buen Raistlin, te han enviado como comisionado para investigar que ocurre y te juro que lo vas a descubrir. Le hizo permanecer en esa actitud de sumisión mientras cogía un grillete de los que llevaba a la cintura colgando y lo ponía alrededor del cuello de ello, que se dejó atar de ese modo y ella le llevó así a rastras hacia la cortina que cubria la puerta secreta tras el lecho principesco. Bajaron juntos las escaleras, ella llevándole como si fuera su mascota, él completamente anonadado de como se sentía y de la fascinación que la princesa ejercía sobre el y cuando llegó al final de las escaleras pudo ver que era una mazmorra enorme que ocupaba toda la base del Palacio Real y que en ella estaban los jóvenes desaparecidos, en diferentes fases de desnudez y en actitudes que no hacían pensar que estuvieran allí contra su voluntad sino todo lo contrario. Y bien....... entonces Raistlin comprendió que la Maldición Real no era exactamente una maldición sino simplemente que la Princesa Blancanieves, como probablemente sus otras antepasadas era ...........una Ama.
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