CAPITULO V - EL LOBO
La miraba con deleite desde el otro lado del panel. Sus ojos espiaban su indefensión y ese aire de gacela atrapada, se recreaban en él. Observó con agrado que ella hacía uso del cuenco que le había dejado y bebía como la perrita que era, a cuatro patas.
Pronto entraría y le haría entender su nueva situación. Era suya.
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