CAPITULO VI - EL LOBO Y SU PRESA
Siento una mano áspera que aparta el pelo que cubre mi cara y despierto sobresaltada, me incorporo de un tirón. No recuerdo que estoy atada por el cuello y la cuerda se clava lastimándome. A mi lado hay un hombre corpulento, vestido de forma sencilla con unos pantalones de gamuza y una túnica abierta. Sus ojos negros me taladran.
- Veo que estás despierta… .me alegro, perrita, me dice…
-Ahora escúchame en silencio y no digas nada hasta que acabe de hablar. Si tienes que hacer algún comentario puedes hacerlo luego. ¿Entendido?
Asiento con la cabeza e intento cubrirme los senos con las manos. Soy consciente de mi desnudez. El tira de la cuerda pendiente del gancho en el techo y eleva mis brazos, de modo que mis pechos quedan totalmente al descubierto y no tengo modo alguno de cubrirme. Siento un calor inusitado y una excitación extraña que no puedo controlar. Me aturde mi reacción.
- Nada de eso, perrita, ni se te ocurra…. Y al decir esto sonríe de un modo malévolo.
-Vamos a ver –continua hablando, mientras separa mis muslos y ata mis piernas con otra cuerda, de modo que no pueda cerrarlas- . Entraste en mi Bosque, aquí las reglas de tu mundo no sirven, solo las mías.
Y las mías son las de un Lobo. Mando en mi manada, pero existen mis hermanos que me ayudan y me dan su apoyo y compañía. Conquisto su lealtad con mi buen hacer como líder de la manada. Me ocupo de la caza, de su alimentación, de su cobijo. Son libres de aceptar las normas o irse. Como tu. Si después de oírme decides que tu sitio no es éste, yo mismo te desataré y te llevaré fuera del Corazón del Bosque, para que puedas reunirte con los tuyos. Si por el contrario decides quedarte has de saber que eres mía. Como lo es esta mesa –dijo señalándola- como lo es mi cuchillo, mis botas. Por supuesto eres mía en un grado diferente a esas cosas, pero puedo disponer de ti como de ellas, en el momento y el lugar que me plazca y del modo que desee. Tu cuerpo es mío. Tu placer es mío y te lo daré, o no, si eso me complace a mi. Tu lealtad es mía. Tú me perteneces. Yo cuidaré de ti y no te exigiré más de lo que tú puedas darme. No te pediré que seas lo que no eres. Castigaré tus fallos, pero nunca seré ruin ni te apartaré por ellos. Yo cuido de lo que es mío. Conmigo estás segura. Si un día decides darme tu corazón no lo morderé y lo desecharé después a un lado, pero tu corazón solo puedes dármelo tu.
- Ahora te dejo para que reflexiones. Si tienes hambre aquí te dejo comida y agua. Después volveré para conocer tu decisión.
Se incorporó de la silla en la que estaba sentado y pellizcó mi pezón desnudo, bajó la cuerda tirante, dejándome como estaba antes y desapareció de mi vista.
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