Ver post
Viejo 24/10/2007, 00:57   #40
Jehanna
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Localización: Girona
Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.407
Predeterminado

Agnes estaba en la más pequeña de las estancias que componían los aposentos del capitán William Clifford, en el castillo de su Señor, Geoffrey Spencer, Conde de Wessex. El cuarto no tenía ventanas. Se accedía a él por una pequeña puerta oculta, disimulada detrás de un tapiz, decorado con escenas bíblicas de la Creación, que cubría el muro de piedra.

Se hallaba en el centro de la estancia, desnuda, con los brazos alzados. Las muñecas delicadas sujetas por grilletes con cadenas que colgaban del techo. Tenía muy buen aspecto, pensó William. Un observador avezado no hubiera podido descubrir ninguna señal del castigo al que fue sometida no hacía mucho más de un mes. Su piel blanca, como correspondía a su tipo nórdico, a sus rubios cabellos y sus ojos azules, tenía una coloración sana. Un ligero rubor cubría sus mejillas y encendía sus labios. Su cuerpo esbelto, perfectamente expuesto a la vista, tenía redondeadas formas, aunque su cintura fuera muy pronunciada. La carne cubría sus huesos, los cuales no se marcaban en la piel, excepto en las clavículas, dónde sobresalían con gracia. Sus senos turgentes parecían desafiar la ley de la gravedad. Sus pezones, como tiernas rosas, apuntaban al cielo. Erguidos. Provocadores. Su coño ya no estaba recubierto de suave vello dorado sino que se hallaba expuesto también, perfectamente depilado por él, con su propia navaja de afeitar. Al recordar esto, notó los primeros síntomas de una erección. Era tremendo el efecto que ella tenía sobre él, pero jamás debía notarlo. Ella era su juguete. Su posesión.

William iba vestido para montar a caballo. Llevaba una túnica de color negro, calzas gris oscuro complementadas con altas botas, una camisa blanca abierta que asomaba por debajo de la túnica y una capa carmesí abrochada con un cordón dorado. Paseaba alrededor de Agnes, con su fusta en la mano. Daba vueltas, al estilo militar, en torno a ella. Agnes en cambio tenía los ojos tapados por un pañuelo negro. No le veía. Pero él si la contemplaba y gozaba de su indefensión, de tenerla así, completamente expuesta, de la rotundidad de su trasero (un precioso culo blanco, pensó él, y es mío, como toda ella lo es). Al ritmo de este último pensamiento, la fusta descargó un azote en la nalga derecha. Agnes dio un respingo y contuvo la respiración. El juego empezaba.
Jehanna está fuera de línea   Citar y responder