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Viejo 26/10/2007, 20:04   #46
Jehanna
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
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Mensajes: 1.407
Predeterminado

CAPITULO 7 (CONTINUACION)

William la tiró del pelo con fuerza, haciéndole daño, sacándole la polla de boca. La abofeteó con la mano con tanta fuerza que su cabeza se tambaleó hacia un lado y perdió el equilibrio, cayendo al suelo. La vista se le nubló por un momento, le miró con los ojos llenos de lágrimas.

- No estabas concentrada en mi, puta!, dijo con voz serena, cosa que alarmó aun más a Agnes. Acercó su rostro a escasos milímetros del de ella, que furiosa gritó:

- Estaba pensando en ti!!!, estaba recordando la primera vez!!!.

Se había erguido, apartado de él, yendo al otro extremo de la habitación, aun enfadada por la bofetada que sentía injusta y le miraba encendida. El se limitó a mirarla y luego se levantó. Se arregló la ropa, se calzó las botas y, sin mirarla siquiera, se fue de la habitación.

Agnes mantuvo la posición hasta que William salió del cuarto, pero estalló en llanto nada más se fue, cerrando la puerta tras de sí con llave. Se echó en la cama, desconsolada, temblando. Deseaba más que nada en el mundo que él volviera. Sabía que habría un castigo. Hasta lo deseaba, porque así, todas las cosas quizás volverían a su lugar. Sentía que era necesaria una penitencia, un sacrificio para que su Dueño la perdonara. Meditó sobre esto y pensó en la conversación que tuvo con William al principio, cuando hablaban del padre de Agnes y de su uso de los castigos. El dijo que no creía demasiado en los castigos. Que, por ejemplo, en el caso de ellos dos y del lugar que ocupaba cada uno, pensaba que no tenían más utilidad en sí, que hacerla comprender, cuando había obrado mal e incurrido en el desagrado de su Dueño y Señor, pero que en realidad ella, por sí sola, debería ser consciente de eso.

En su momento, cuando se lo explicó no lo comprendió, pero ahora si. Después de sentir su mirada de desagrado, clavada en ella, lo entendió muy bien. Porque no había peor castigo que esa mirada, que le había dolido tanto. Porque saber, como ella sabía ahora, que, por culpa de su mal genio, por su maldito carácter rebelde, le había desafiado, le había defraudado, que había bajado en su consideración, dejado de ser su juguete, su golfa, su niña (podía ser por unos momentos, por unas horas, por unos días o para siempre) le dolía más que todas las pinzas, los azotes, las delicadas torturas, las velas, la inseguridad que sentía siempre sobre lo que vendría después, esa, en cierta forma, excitante incertidumbre, las humillaciones. No podía soportar recordar esa mirada y la tenía clavada en el alma. Ahora sollozaba sin poder evitarlo. Esperaba que él volviera, le suplicaría su perdón, porque entendía que su enfado no era porque estuviera pensando en la primera vez que habían jugado juntos, sino porque estuviera pensando en ello mientras estaba en su poder, en el círculo de fuego. De algún modo, William sintió que la mente de Agnes -una parte de ella al menos- estaba lejana, cuando él solo quería tenerla alli, por entero, como un animalillo... sintiendo... sólo sintiendo. Despojada de su armadura, vulnerable, sin mantener nada de ella misma aparte, ofreciéndose en un todo.

Lentamente pasaron las horas y Agnes, acurrucada en el lecho se quedó dormida. William aquel día no regresó

Editado por Jehanna en 26/10/2007 a las 20:11.
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