8 y 9 de 13 Ese día, como muchos otros, Cleopatra comprobó con placer como la seguían los ojos de todos los hombres mientras entraba a su despacho. Y también, aunque intentaba disimularlo inútilmente, la mirada de una de la empleadas, Clara, una mujer tímida, que solía vestirse por ropa más bien holgada, como si intentase esconder su cuerpo, de la misma manera que escondía sus bellas facciones tras unas gafas antiguas y grandes, y recogiendo su hermoso pelo rubio con una coleta torpemente hecha. Cada día le interesaba más aquella mujer. |