10 y 11 de 13 De hecho, llevaba unos días planteándose el tentarla para ser su sumisa y la de su Amo. Pero no quería correr riesgos. Tenían otras mujeres en mente, pero la idea de poseerla a ella en concreto, y de ver cómo Andrei, su Señor, las dominaba a ambas, juntas o por separada, hacía que la idea la embriagase cada día más. Él la había autorizado a proponerle la idea a la muchacha del trabajo, de quien ya le había hablado.
Dudando qué hacer, antes de sentarse en su solitario despacho se bajó su falda de tubo, pegada a su cuerpo como un segunda piel, y luego hizo lo mismo con las bragas. De su trasero salía un largo hilo del que colgaba unas bolas chinas introducidas en su ano por Andrei. En el extremo de este hilo, había una anilla redonda, preparada especialmente para ella. Su Amo le había autorizado a llevarla como quisiera, y ella había decidio esconderla entre sus nalgas, porque si la ponía sobre una de sus nalgas, dado lo ajustado de su ropa, sabía que todo el mundo se fijaría en ella si la colocaba apoyada sobre una de sus nalgas. De momento el truco funcionaba, aunque sabía que tarde o temprano él le ordenaría colocarla visible. Y ella estaba más que dispuesta a cumplir. Pero temía tanto ese momento, como la excitaba el sentirse regida por los deseos de su Amo.
Fue entonces, pensando en la anilla, cuando se le ocurrió una idea para tantear a la secretaria que ocupaba su imaginación. ¿Se atrevería a llevar a cabo el plan? |