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Viejo 27/10/2007, 13:55   #48
CONSUL2
 
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Predeterminado Palabras del estudiante para Agnes

Supongo que nadie te explicó, Agnes, que sólo ha pasado un año, fue en el año del Señor de 1324, que el gran viajero, el hombre que cambió los ojos de Europa, Marco Polo, había muerto en su querida Venecia, algo que seguramente ni se sabrá en el castillo de esta campiña siempre embarrada y mala para mensajeros. Y poblada de analfabetos y animales de cuadra.

Son cosas que sólo sé yo en este pueblo miserable. Que me hubiera gustado contarte al oído. Pero ya conozco (me han llegado noticias) que ahora estás muy ocupada satisfaciendo los deseos desviados de ese soldado de poca monta. Cumpliendo sus lubricidades de patán que seguramente rellenan su vida vacía y que le dan la sensación de ser alguien. Querrá poseer toda tu vida, porque lo hueco siempre está ansioso de ser llenado. Y tú confundirás su vacío con su amor. Te torturará y tú gritarás que quieres más: en realidad sólo quieres ser importante para alguien, tener la sensación de que eres el centro para una persona, aunque sea de esta manera. Aunque a veces, te lo reconozco, me gustaría ser el que está ahora de pie ante ti mientras le satisfaces como una ramera. Sobre todo ver, por un momento, tu mirada de puta. Aunque bien sé que es imposible: para mis ojos, cuando te veía, en la carreta, eras como una princesa, nunca más princesa que así, insultada, humillada y sucia: “la reine de mon coeur”, escribirá un poeta dentro de seiscientos años. Pero, finalmente, mi mirada te ha hecho imposible para mí. Aunque yo tendré de ti lo que él nunca conocerá. Como él tendrá de ti aquello que yo jamás poseeré.

Ahora, mi imaginación ya no está en ti, sino en ese maldito castillo que te encierra. Me imagino que en el patio de armas los oficiales seguirán rumiando todavía lo ocurrido en la década anterior: aquella desdichada batalla de Bannockburn, donde Roberto I Bruce venció a nuestro amado y odiado Eduardo II. Los escoceses doblegaron las armas inglesas en un caluroso junio de 1314. Aunque pronto todos van a tener otra preocupación: la abdicación del rey dentro de dos años, en 1327, y su muerte en la cárcel. Y un año después, el inicio de la guerra de los Cien Años: nada volverá a ser igual. Quizá porque nada es igual nunca. (¿Sabes tú, acaso, que hace casi veinte años quemaban en París a mi último Maestre? Pero los perros de la guerra no prevalecerán contra Nosotros. Por Ellos, por su sabiduría oculta, sé lo que sucederá). Y así, espero que en estas próximas guerras tu militar encuentre entonces mejores asuntos en que entretenerse o que le acaben comiendo los gusanos que se merece. Pero ahora, cuando pienso en tu pelo rubio, brillante al sol sobre la carreta (yo te miraba y tomaba apuntes para un diario de estos años tan infelices), quizá recuerdo que lejos, muy lejos de aquí, Dante agonizaba hace cuatro años. ¿No sabes que te pareces, Agnes, un poco a su Beatriz? También tú nos llevas hacia el Infierno, pequeña.

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