Hans Bellmeer
La mujer es una invención protésica del imaginario fálico.
La mujer no existe, por supuesto.
«Es cierto» escribe en la Petite anatomie «que no nos hemos preguntado hasta hoy con la suficiente seriedad en qué medida la imagen de la mujer deseada estaría predeterminada por la imagen del hombre que desea y, por tanto y en última instancia, por una serie de proyecciones del falo que irían progresivamente del detalle de la mujer hacia su conjunto, de modo que el dedo de la mujer, la mano, el brazo, la pierna sean el sexo del hombre, que el sexo del hombre sea la pierna enguantada por la media de la cual rebosa el muslo que sea el par de las nalgas ovoides que dan su impulso a la espina dorsal, ligeramente en curva que sea el seno doble ligado al cuello o bien libremente suspendido del tronco que sea, finalmente, la mujer entera, sentada, la espalda arqueada, con o sin sombrero, o de pie... Así planteado, todo nos lleva a pensar que el sexo de la mujer pueda, también él, determinar su imagen entera, que la vagina se halle entre su propio pulgar y su índice, entre sus manos, entre sus pies juntos, entre los pliegues de su brazo, de su axila, que esté en su oreja, su sonrisa, en su lágrima con el ojo cerrado. Mas para que la imagen de la mujer obedezca, así, a la fórmula vagina, es preciso, repitámoslo, que la vagina haya sido primero simulada por el organismo del hombre, que haya invadido su esquema corporal, su imaginario muscular. En resumen, sería preciso saber si esta simulación por el hombre es posible y si es un hecho controlable»
Bataille, Histoire de l'oeil: «En los primeros días en que meditaba entraba, como ya era habitual, en un estado de atontamiento, cuando me sentí convertido en un pene en erección... La idea de ser mi cuerpo, mi cabeza un gran pene en erección era tan loca que me entraron ganas de reír. Me vino la idea cómica de que tan dura erección mi cuerpo entero, tenso como un pene empinado no podía tener más desenlace que eyacular. Hasta tal punto me sentía duro que me era imposible soltar la carcajada...»).