Diego.
Verdad es, muy grande, que yo
no quisiera, ni hablar, ni dormir,
ni oir, ni querer.
Sentirme encerrada, sin miedo
a la sangre, sin tiempo ni magia,
dentro de tu mismo miedo,
y dentro de tu gran angustia, y
en el mismo ruido de tu corazón.
Toda ésta locura, si te la pidiera,
yo sé qué sería, para tu silencio,
sólo turbación.
Te pido violencia, en la sinrazón,
y tú, me das gracia, tu luz y calor.
Pintarte quisiera, pero no hay colores,
por haberlos tántos, en mi
confusión, la forma concreta
de mi gran amor.
...
Era sed de muchos años retenida
en nuestro cuerpo. Palabras
encadenadas que no pudimos
decir sino en los labios del
sueño. Todo lo rodeaba el milagro
vegetal del paisaje de tu cuerpo.
Sobre tu forma, a mi tacto
respondieron las pestañas de
las flores, los rumores de los
rios. Todas las frutas había
en el jugo de tus labios, la sangre
de la granada, el tramonto
del mamey y la piña acrisolada.
Te oprimí contra mi pecho
y el prodigio de tu forma
penetró en toda mi sangre por
la yema de mis dedos. Olor
a esencia de roble, a recuerdo
de nogal, a verde aliento
de fresno. Horizontes y paisajes
que recorrí con el beso.
..
Nada vale más que la risa.
Es fuerza reir
y abandonarse, ser
ligero.
La tragedia es lo más ridículo que tiene el hombre
pero estoy segura, de que
los animales, aunque sufren,
no exhiben su pena
en teatros abiertos, ni
cerrados (los hogares).
Y su dolor es más cierto
que cualquier imagen
que pueda cada hombre
representar.
Frida Kahlo
***
La antigua ocultadora
Una diosa azteca
La heroína de “El castillo” de K.
Xipetotec
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“Quien haya construido un nuevo cielo, sólo ha encontrado la fuerza necesaria en su propio infierno”.
Nietzsche