21/11/2007, 04:10
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#22 |
Rol: sumiso Sexo: Mujer Fecha de Ingreso: Jan 2007
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| Diálogos
[ Lanjarón, Agosto, 1927 ] Querido: Nunca había pensado que San Sebastián tuviera las plumas de colores. Las flechas de San Sebastián son de acero pero la diferencia que yo tengo contigo es que tú las ves clavadas, fijas y robustas, flechas cortas que no se descompongan, y yo las veo largas.. en el momento de la herida. Tu San Sebastián de mármol se opone al mío de carne que muere en todos los momentos, y así tiene que ser. Si mi San Sebastián fuera demasiado plástico ya no sería un poeta lírico sino un escultor (no pintor). Creo que no tengo que explicarte por qué no sería pintor. Pero la distinción es sutil. Pero lo que a mí me conmueve de San Sebastián es su serenidad en medio de su desgracia, y hay que hacer constar que la desgracia es siempre barroca; me conmueve su gracia en medio de la tortura, y esa carencia absoluta de resignación que ostenta en su rostro helénico, porque no es un resignado sino un triunfador, un triunfador lleno de elegancia y de tonos grises como un remero constante que desconociese los paseos de la ciudad. Por eso San Sebastián es la figura más bella, si no de todo el arte, del arte que se ve con los ojos.
¿No es verdad que San Sebastián está lejos del mar? ¿Verdad que (ni) las olas, ni las montañas, lo entienden? San Sebastián es un mito de agua dulce en vaso de cristal puro. Fue martirizado dentro de una habitación y no amarrado a un árbol rugoso como lo representan los románticos del renacimiento, sino amarrado a una columna de jaspe, amarillo y traslúcido como su carne. El árbol lo había inventado la edad media.
Todos tenemos una capacidad de San Sebastián bajo la murmuración y la crítica. A San Sebastián le dieron martirio con toda la razón y estuvo dentro del orden y la ley de su momento. Pecaba contra su época... ¡pero no lo sabía! (Estética de la balanza). Ningún mártir lo supo. Y todos lo fueron por razón de Estado. No los mataron por adorar a su Dios sino por no respetar el Dios de los demás. Todos estaban fuera de la ley. Y no tenían razón. Sócrates puesto en este aprieto quizá habría optado por respetar las leyes de la república. ¡Dramático conflicto! San Sebastián se salva por su belleza y los demás se salvan por el amor. Todos construyen una oración en su martirio y San Sebastián se diferencia de todos, posa y construye su cuerpo dando eternidad a lo fugitivo y logrando hacer visible una abstracta idea estética, como da una rueda la idea completísima del movimiento perpetuo. Por eso yo lo amo. *
El aire que viene del mar es delicado. Los pájaros pueden volar sin llevar alas de repuesto como llevan en los Pirineos y montes del Cáucaso. Entre las gentes del hotel no hay siquiera una pantorrilla bien hecha. Las niñas que suben de las olas miran y las que bajan de las montañas desean. Estoy bastante aislado y no me gusta hablar con nadie como no sea con los camareros que son guapos y sé lo que van a decirme. Yo te recuerdo siempre. Te recuerdo demasiado. Me parece que tengo una cálida moneda de oro en la mano y no la puedo soltar. Pero tampoco quiero soltarla, hijito. Tengo que pensar que eres feísimo para quererte más . CARTA DE LORCA A DALÍ *** |
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